Opinión

México y la corrupción, amantes inseparables

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dinero peso billetes (Cuartoscuro/Archivo)

En estos últimos días los mexicanos hemos sido testigos de eventos que refrendan la larga historia de una las barreras más importantes que México ha tenido para su desarrollo: la corrupción.

Por una parte, después de una larga zaga de hechos de corrupción que lo han involucrado personalmente, el presidente de México ha admitido que el país vive un clima de incertidumbre que mina los esperados efectos positivos de las festinadas reformas estructurales realizadas al inicio de su periodo presidencial. En efecto, y como sabemos, la licitación de campos petroleros fue pospuesta tanto por la caída de los precios del petróleo que hacían no rentables inversiones en aguas profundas para extraer el así llamado tesoro escondido, como la incertidumbre creada por la ausencia de gobernabilidad que se ha observado, por lo menos de manera ostensible, desde la desaparición de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Reformas sin paz y certidumbre resultan inútiles.

Por otra parte, el secretario de Economía, en un desplante que podría caracterizarse de cinismo pero que no deja de tener más de un gramo de verdad, aceptando el estado de crisis que guarda la nación en lo social, lo político y la crisis económica que la acompaña, señala que a pesar de todo eso, las inversiones extranjeras fluyen y lo seguirán haciendo. Y en efecto, hasta en los lugares más desordenados no dejan de existir inversionistas que o son muy arriesgados o gozan de condiciones privilegiadas para realizar sus inversiones sin temor a grandes pérdidas. Aún en el caos puede haber orden y certeza.

Pero la más singular resulta el logro del exdirigente priista Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, que a pesar del largo historial criminal que lo acompaña, no sólo ha logrado evadir la acción de la justicia sino que también muestra el músculo imponiendo que su madre y otros allegados logren, en el caso de su madre, una candidatura plurinominal a una diputación federal. Como sabemos, las candidaturas plurinominales son esas en las que no se hace campaña y debido al poderío del partido político en cuestión, el PRI, es muy probable que la logre. Que sabrá Cuauhtémoc González que a pesar de ser un criminal de la trata y otros oficios, acalla con sus saberes las posibles inconformidades de algunos priistas para que su influencia se haga sentir.

Otro ejemplo destacado de cómo la corrupción acompaña la vida de México es la celebración del cumpleaños del actual alcalde del municipio de San Blas, Nayarit. El ágape multitudinario significó un gasto que según el agasajado fue pagado por sus “amigos”, whateever that means, requirió, seguramente, de un gasto millonario, muy probablemente financiado por las finanzas públicas locales y por finanzas de otros actores, seguramente no tan públicos pero si reales.

Otra muestra del tema son las revelaciones recientes que hizo la Auditoría Superior de la Federación que pone al descubierto transacciones indebidas realizadas por la Secretaría de Desarrollo Social y algunas universidades como la del Estado de México y la Autónoma de Morelos. Contra toda la legislación vigente se le trasladaron a esas universidades, y probablemente a otras también, recursos para llevar a cabo operaciones que nada tienen que ver con la enseñanza, la investigación y la extensión. Tienen, más bien, relación con actos de corrupción para fines aún no revelados. La corrupción muchas veces no es sólo para enriquecimiento ilícito de las personas. También puede ser para el logro de planes y ambiciones políticas.

Y así, cada día los ciudadanos de México somos testigos, pasivos por cierto, de una trama de corrupción interminable. Pareciera como si fuéramos cómplices y que, por ello, somos socios mudos de un ethos social, aunque no en lo individual, que resulta piedra de granito para ser transformada. Sin duda el tema de la corrupción debe ser el asunto del futuro. En las próximas elecciones habría que valorar mucho este asunto. La corrupción le cuesta a México varios puntos del PIB y eso es hoy; de seguir la trayectoria observada, la cifra aumentará. Y eso es así porque ser corrupto en México pareciera ser parte esencial del quehacer político y de la vida cotidiana. Como dicen los colombianos, el CVY (¿como voy yo?) es parte de la ciudadanía.

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