Opinión

México y el freno en EU


 
Terminamos el primer mes de 2013 con un entorno internacional más complicado de lo que algunos creían.
 
Un balde de agua fría fue para muchos el resultado de la economía estadounidense en el último trimestre del año, del que ayer informó el Departamento de Comercio.
 
No sólo se trata del primer retroceso desde el segundo trimestre de 2009, sino que anticipa lo que podría ocurrir con la economía más grande del mundo si no hay un acuerdo satisfactorio en materia fiscal en el curso de este año.
 
La razón principal de la caída económica de nuestro vecino del norte fue el descenso de 15% en el gasto público federal y de 22% en el gasto en defensa.
 
Aunque el acuerdo de Año Nuevo en el Congreso evitó que entraran en automático los recortes del gasto público que el 'abismo fiscal' preveía, sólo pospuso por algunos meses este hecho y además, de cualquier modo, introdujo un alza de impuestos para algunos grupos que, de acuerdo con cálculos de The Economist, podría tener un impacto de 0.5 a 1% del PIB para este año.
 
La buena noticia es que el gasto del consumidor en el último trimestre del año se mantuvo en terreno positivo y tuvo un crecimiento de 2.2%.
 
Sin embargo, no fue suficiente para mantener el dinamismo de la economía en su conjunto.
 
El dato ofrecido ayer no es para alarmarse. No prefigura una recesión por venir.
 
Sin embargo, sí sorprendió a los expertos, que esperaban un crecimiento muy débil, pero crecimiento al fin.
 
Este dato del entorno deja ver que pese al comportamiento favorable de los mercados accionarios, México se va a encontrar este año con un escenario internacional más complejo de lo que algunos suponían.
 
Las exportaciones mexicanas a Estados Unidos se han mantenido con un ritmo creciente y las no petroleras alcanzaron una tasa de 8.1% en diciembre, una cifra que se compara muy positivamente con 4.5 % de noviembre.
 
Las ganancias de mercado que diversos sectores de la industria mexicana han conseguido en la Unión Americana han sido determinantes para mantener este dinamismo.
 
Sin embargo, tarde o temprano el probable impacto del freno económico de nuestros vecinos va a impactar incluso a sectores tan exitosos como el del automóvil, por lo menos en el corto plazo.
 
Cuando se observan estos datos, el discurso usual de los políticos y de algunos empresarios es que debemos voltear hacia el mercado interno.
 
Está bien la consideración, pero más que hablar del tema en general se debería plantear un conjunto de medidas específicas que alienten a la producción doméstica de bienes y servicios.
 
La que a mí me parece -de lejos- la más importante es la ampliación de la provisión nacional, tanto al sector público como entre empresas.
 
Sin embargo, eso exige políticas específicas que ahora deben estar en la cancha de la Secretaría de Economía y del Instituto del Emprendedor, en su vertiente de pequeñas y medianas empresas, para fraguarse en el curso de los siguientes meses.
 
La creación de proveedores nacionales de Pemex, de las automotrices o de la industria aeronáutica, no es un acto de magia.
 
Se requiere que muchas empresas mexicanas desarrollen los estándares de calidad y las escalas que requieren los grandes compradores. Y eso se da a través de estrategias deliberadas.
 
Si en este sexenio se aterrizara finalmente una estrategia consistente en esta dirección, se habría dado un paso determinante para fortalecer enormemente nuestro mercado interno.
 
A ver quién toma el reto.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx