Opinión

México viviría horas mejores

 
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Libro.

No es un libro de urdimbre conceptual ni tampoco de categorías teóricas y sin embargo, el recorrido por sus páginas nos revela el perfil de un verdadero líder mexicano con estatura de estadista. El libro es un compendio de impresiones subjetivas de 40 ex colaboradores de Fernando Solana, que Mariángeles Comesaña coordinó y la fundación Javier Barros Sierra, A.C. editó.

El martes lo presentaron al alimón Mariángeles, Luis Javier Solana, Antonio Alonso Concheiro y Yolanda de los Reyes. Es un libro de tributos en vida a quien no sólo destacó en su momento, sino que dejó un legado trascendente en las instituciones a las que sirvió, desde que fue secretario general de la UNAM con Javier Barros Sierra como rector, durante el movimiento estudiantil de 1968; luego como secretario Comercio y de Educación Pública, director general de Banamex, secretario de Relaciones Exteriores y Senador de la República.

El libro consta de tres partes: una entrevista en la que Solana comparte habla de algunos libros que lo acompañaron en su trayectoria; la palabra de sus colaboradores y amigos, y seis textos definitorios de su pensamiento y actuación pública.

En la palabra de sus ex colaboradores, resaltan cualidades que como líder le permitieron a Solana afrontar situaciones, no para resolver sus causas aparentes o de mayor lucimiento momentáneo, sino para inaugurar nuevos derroteros.

Trabajé casi 20 años con Solana en algunos de sus empeños fuera de la administración pública. Me impresionaron la claridad de sus ideas y su afán propositivo, siempre pertinente. Es un defensor de los valores humanos, empezando con el derecho a la felicidad; es de convicción liberal republicana y federalista, y crítico, tanto del llamado consenso de Washington que inauguró la era neoliberal en Iberoamérica, como de la adopción que se hizo de ese decálogo en México.

Como jefe, tuvo facilidad para dialogar y resolver problemas de común acuerdo con sus colaboradores porque sabía poner en juego inteligencia, conocimientos y claridad de visión política, administrativa y económica. Hizo de la información compartida un instrumento eficaz para los objetivos institucionales, siempre transformadores de su entorno, siempre para mejorarlo.

En el perfil de Solana destaco también su motivación de ganar y engrandecer su autoridad intelectual y moral como respaldo de sus opiniones -generalmente aceptadas como propuestas- para que tuvieran acogida e influencia en círculos de decisión.

“La República viviría horas mejores” con gobernantes del alcance de Fernando Solana, como dice Javier Barros Valero en la introducción de esta obra colectiva de más de 400 páginas.

No tengo duda de que se habrían preservado tramos de soberanía con los que México ya no cuenta para sustentar una posición más acorde con la importancia de nuestra cultura y economía en el orden político internacional, y particularmente en la relación bilateral con los Estados Unidos.

Con gobernantes como Solana, la educación pública no sería el factor que tanto ha contribuido a acentuar las desigualdades sociales por la deficiente calidad de la que se imparte desde hace décadas en el sistema escolar público, en contraste con lo que pueden aprender los alumnos en algunas –sólo algunas- instituciones privadas de alto costo.

Un país más educado y menos desigual es también menos violento y en el que la corrupción tiene menos calado. Una clase política constituida por hombres como Solana, al menos tendría más vergüenza y menos cinismo ante sus fallas.

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