Opinión

México Tenochtitlán

 
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CDMX. (Fovissste)

Así propone Víctor Ampudia que se llame a la Ciudad de México. Lo hizo a través de una iniciativa enviada a la Asamblea Constituyente y es una de las 90 propuestas ciudadanas que se suman a las 173 de legisladores para “enriquecer” el proyecto de Constitución enviado por el jefe de Gobierno. El PAN ha presentado un paquete de reformas que modifica sustancialmente el proyecto original de Constitución (criticado por retórico y populista) y todas las iniciativas serán la materia prima para que ocho comisiones discutan y dictaminen una propuesta que debe ser votada a más tardar el 31 de enero de 2017.

Quedan tres meses para tal fecha. Si se descuentan las vacaciones de fin de año, el tiempo efectivo de trabajo se reduce a dos meses.

¿Podrán los nuevos diputados cumplir su encomienda con responsabilidad y oportunidad? Hay 14 constituyentes que provienen del Senado y 14 de la Cámara de Diputados.

¿Pueden cumplir dos labores a la vez? ¿Cómo ser un buen constituyente si además tienes que estudiar con detenimiento los temas hacendarios, los nombramientos en puerta y toda la agenda pendiente en ambas cámaras del Congreso? ¿Acaso no era mejor que los legisladores que quisieran ser constituyentes pidieran licencia para desempeñar su cargo con tiempo y profesionalismo?

Seis diputados constituyentes ya tiraron la toalla y se fueron. Las excusas son variadas, desde motivos de salud, incompatibilidad con otras actividades parlamentarias o ser nombrado procurador general de la República, como fue el caso del senador Raúl Cervantes. Dos de ellos, Carlos Aceves del Olmo y Joel Ayala, ambos del PRI, han sido legisladores en diversas ocasiones con un desempeño mediocre, según diversos reportes legislativos de Integralia. Ayala ni siquiera rindió protesta como constituyente (faltó a la sesión del 15 de septiembre).

¿Cuál fue la lógica del PRI y del Congreso al proponerlos? ¿Cuál fue la ganancia para los capitalinos? ¿Qué ganaron ellos?

Damián Alcázar no ha tirado la toalla pero no asiste. Excelente actor que ha combinado su talento artístico con la crítica social y política. Su papel en La Ley de Herodes, una película de Luis Estrada, es una magnífica crítica del conformismo y la corrupción de los burócratas, arribistas y chambistas políticos del siglo XX. El actor fue postulado por Morena como diputado constituyente. Dijo entonces que “tenemos muchísimas ideas [los ciudadanos] para formar la constitución de esta nuestra gran ciudad, (…) no le dejemos gran cosa a los políticos porque ya nos demostraron que no hacen gran cosa por México”.

Sin embargo ha faltado a siete de las ocho sesiones que se han realizado. Quizá el crítico de los políticos se volvió actor en vida de los personajes que encarna. Si no podía, ¿para qué aceptar? (Lo mismo aplica al actor Héctor Bonilla, postulado también por Morena y quien se ha ausentado en cinco ocasiones).

Entre las iniciativas “ciudadanas” hay algunas interesantes y otras que son pura ocurrencia. Una propone que la ciudad conserve el nombre de Distrito Federal porque la abreviatura CDMX tiene “un significado enigmático […] recuerda el apocalíptico 666, símbolo del mal, de la fuerza de Satanás y de su control sobre las almas”. Otra propone cambiar el emblema actual de la ciudad porque “ese escudo, de hace 493 años, en sí mismo es un espejo de la barbarie que justificó un acto de conquista, se insiste, válido en su tiempo para la monarquía española, pero inadecuado para el México de hoy”.

Hay un constituyente “independiente”, el único exitoso entre las 75 personas que manifestaron su intención de ser candidatos sin partido y de los 21 que finalmente lo fueron. Solo él ganó una curul. ¿Ha llevado la voz ciudadana a la Asamblea Constituyente o sólo la voz de los bomberos, de quien es líder sindical? Pocos días antes de ser ungido como diputado, Ismael Figueroa Flores dio una conferencia en la Central de Bomberos para decir que pugnaría por sus derechos.

Ya propuso crear la Secretaría de los Bomberos, Paramédicos y Rescatistas con el supuesto fin de mejorar la calidad en el servicio.

El presidente de la Asamblea Constituyente, Alejandro Encinas, dijo que las críticas al proyecto de la nueva carta magna son por la “visión de juristas neoliberales”. Afirma que son reflejo de una confrontación ideológica y que no se basan en una lectura razonable del proyecto: “el lenguaje de vituperios y descalificaciones carece, en su mayoría, de rigor jurídico y del conocimiento elemental del proyecto, el cual seguramente muchos de sus detractores no han leído”. En lo personal he leído en dos ocasiones el proyecto y pienso que está lleno de retórica y buenos deseos, con secciones y párrafos bien elaborados, pero en su conjunto es una propuesta deficiente.

Juan Villoro escribió en Reforma que quienes hicimos el proyecto de Constitución (formó parte del comité de notables que lo redactó) “podíamos soñar, siempre y cuando lo hiciéramos en términos jurídicos […] preferimos estar más cerca de las esperanzas que de las restricciones: una Constitución no debe reflejar lo que somos de manera inevitable, sino lo que razonablemente podemos ser”.

Se vale soñar. Pero soñar con los pies en la tierra. Es injusto que por sólo soñar sin prestar atención a la capacidad real de cumplir se genere frustración que la padecerán quienes carecen de los servicios básicos. Si se quería soñar, quizá era mejor redactar una Carta de Derechos o una Visión de Futuro que fuera un mapa de navegación y no un documento jurídico vinculante y obligatorio, que si se queda en sus términos, será una carta violentada una y otra vez.

Twitter:@LCUgalde

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