Opinión

México sí tiene la economía más fuerte
de América Latina

 
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INDUSTRIA TRABAJADOR

El presidente Peña Nieto fue criticado por comparar el desempeño de México con el de la región, pero tiene mucha razón al señalar nuestras fortalezas.

La economía de México es una de las menos afectadas por la desaceleración global. Aunque es justo reconocer que México tampoco se benefició del llamado “superciclo de materias primas”, como sí lo hicieron las economías de Brasil, Chile, Perú y otras, que crecieron mucho más que la de México en la última década.

La profunda problemática de Brasil, la única economía más grande que México en América Latina, demuestra cuánto mejor estamos, pero también lo que le ha ocurrido a nuestros vecinos por sucumbir a tentaciones cortoplacistas que acaban volviéndose onerosas con el tiempo.

La economía brasileña muestra un déficit fiscal de 6.0 por ciento del PIB, un déficit en cuenta corriente de casi 4.0 por ciento, creciente pago de intereses sobre su deuda (5.6 por ciento del PIB), después de haber perdido el “grado de inversión” que otorgan agencias calificadoras. Están inmersos en el mayor escándalo político en su historia –el de Petrobrás– que implica una investigación a todas las grandes empresas constructoras del país; podrían acabar en la cárcel una docena de empresarios y de políticos de alto nivel, y la cabeza de la presidenta Rousseff pende de un hilo por maquillar estadísticas oficiales de la crisis fiscal (urge, por cierto, un mandato constitucional que garantice la independencia del Inegi).

La administración de Dilma manipuló el tipo de cambio y las tasas de interés, se tardó en hacer frente a la inflación, se peleó con la oposición, el PMDB, fuerza dominante en el Congreso desde 2012. Cuando la presidenta tiene 9.0 por ciento de aprobación, sufren por el desplome de las materias primas y tienen que implementar un dolorosísimo plan de austeridad con enorme costo político. Además, la sequía amenaza a la industria agrícola y puede provocar escasez de energía.

En México nos preocupa financiar un gasto del sector público de 24 por ciento del PIB, el de Brasil es el doble. En un país con 39 secretarías de estado, el reciente cierre de tres de éstas no pinta. La economía brasileña me recuerda a quien se tira al agua con traje, corbata y pesados zapatos; mientras nade es más o menos posible avanzar, en el momento en que se detiene, el peso jala al nadador al fondo. La economía brasileña está detenida y el peso del gasto público los hunde.

México tiene ventajas relevantes respecto a América Latina. Exportamos más manufacturas que los demás sumados. Gracias al TLCAN, cuyas ventajas no entiende el grueso de los mexicanos, hay estados de México que crecieron más de 14 por ciento el año pasado, más que cualquier economía emergente, incluida China en sus mejores momentos. Pero, estados petroleros como Campeche y Tabasco no crecen y la sola existencia de Pemex nos restará más de un punto de crecimiento.

Según el FMI, la economía latinoamericana decrecerá 0.3 por ciento este año.

Brasil decrecerá 4.0 por ciento entre 2015 y 2016, mientras que México crecerá más de 5.0 por ciento. El peso mexicano perdió 32 por ciento de su valor en dólares (medido desde el punto más débil del dólar con respecto a otras monedas, alcanzado a fines de abril de 2011), pero el real cayó 60 por ciento en el mismo periodo. Incluso el euro perdió 24 por ciento. El peso no se ha devaluado, es el dólar quien se revaluó contra el resto.

Las políticas económicas ortodoxas que privilegió México los últimos veinte años nos ponen en una situación mucho mejor a la de nuestra región. Incluso Chile, otrora epítome de la ortodoxia, será quizá la economía más afectada del mundo por la desaceleración china, debido a la falta de inversión manufacturera en ese país.

¿Por qué México no ha crecido más? Hay una lista larga de razones, pero la primera en mi opinión es la fragilidad institucional que debilita al Estado de derecho, que ha empoderado a oligarcas y criminales, y fomentado un ambiente de violencia. Si México emprendiera una cruzada contra la corrupción como la brasileña, mejorarían exponencialmente nuestras expectativas de crecimiento.

De ahí el enorme peligro de que la administración del presidente Peña Nieto busque a toda costa apaciguar a las huestes del PRI, frustradas por la concentración de poder en un grupito mexiquense, y ahora intente darles cabida en cuanto puesto se presenta, ya sea una subsecretaría de Gobernación o un asiento en la Suprema Corte.

Como bien dijo Carlos Elizondo (http://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-elizondo-mayer-serra/2015/10/01/1048732), partidizar al tribunal supremo lo expondría a la arbitrariedad de un populista que podría señalar a la ilegalidad de las nominaciones como razón para meter mano en éste.

Sería pírrica una victoria electoral del PRI en 2018 conseguida sacrificando instituciones vitales. Dado lo que se avecina en la economía global, nos urge tener a nuestra mejor gente en instituciones sólidas, que sean un contrapeso incuestionable.

Twitter: @jorgesuarezv

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