Opinión

México racista

 
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Ayotzinapa. (Alejandro Mélendez)

Es difícil resistir la tentación de explicar todos los problemas a partir de una sola causa. Todo se explica por la economía, dicen algunos. Todo se explica por el sexo, sus represiones y sublimaciones, apuntan otros.

En el poder y en las redes del poder, dicen otros más, se encuentra la clave para entender la sociedad. Es difícil resistir la tentación de explicarlo todo de un plumazo, por fuerza reduccionista y simplificador.

Federico Navarrete (México racista, Grijalbo, 2016) ha escrito un panfleto que propone que la postración de México tiene su origen y explicación en el racismo.

Este libro nace como respuesta intelectual y política a la desaparición y posible muerte de los normalistas de Ayotzinapa. El Estado y la sociedad, explica el autor, discriminan a aquellos con aspecto de mestizos e indígenas y, al hacerlo, los invisibilizan. Ya invisibles lo que sigue es la violencia y, en algunos casos, la muerte. La regla en México es que “el asesinato de una persona blanca y privilegiada provocará mucho más revuelo y será mucho más visible que la muerte de una persona más morena y marginada”.

Tres años antes de los sucesos de Iguala, el 25 de agosto de 2011, murieron 52 personas en el Casino Royal, situado en una colonia de clase media alta de Monterrey. Las quemaron vivas. Mujeres (una de ellas embarazada), personas mayores y menores de edad, blancas y privilegiadas. Este horrible crimen no suscitó el escándalo de los activistas ni de las ONG’s; no hubo marchas de jóvenes indignados ni solidaridad mundial, no se escribieron libros ni poemas. El México “ferozmente racista” que denuncia Navarrete, ese México que invisibiliza y luego mata, dio enorme exposición a lo ocurrido con los muchachos de Ayotzinapa, morenos y marginales, y no a las mujeres de Monterrey, blancas y acomodadas. Navarrete no registra esto porque estorba su explicación totalizadora.

Otro ejemplo que utiliza es el de Octavio Paz, al que califica de racista y misógino por las líneas que Paz dedica en El laberinto de la soledad a explicar simbólicamente el origen del mestizaje mexicano. Según Navarrete, Paz afirma en ese libro “que nuestro papá violó a nuestra mamá y que nuestros acendrados complejos de inferioridad provienen de esa violencia fundadora”. No sólo confunde Navarrete a Paz con Samuel Ramos y su idea de la inferioridad del mexicano, sino que, para mejor refutarlo, lo reduce a una caricatura.

Para Navarrete la interpretación simbólica de Paz ejemplifica el modo en que los intelectuales y el Estado mexicano falsean la historia para mejor construir “la leyenda del mestizaje”. Navarrete ignora en su exposición a Diego Rivera, pintor e intelectual, y sus murales en los que exalta el pasado indígena. ¿Por qué soslaya Navarrete a Rivera y los muralistas? Porque contradicen su tesis.

Es innegable que en México campean las actitudes racistas y discriminatorias, especialmente en los medios de comunicación. Esas actitudes las lleva Navarrete al extremo y en su libro las postula como una de las causas que agravan todos nuestros males sociales, políticos y económicos. Según el autor, el racismo se ha embozado para actuar en la “leyenda del mestizaje”. La construcción de esta idea es muy endeble, hecha de suposiciones, tergiversaciones y de ocultamientos.

En su lugar propone, sin llamarla así, la “leyenda del pluralismo multicultural”. Como si los grupos indígenas no practicaran entre sí y hacia fuera actitudes racistas. En vez de verlo como un fenómeno universal y antropológico, Navarrete cree descubrir en un conjunto de ideas y actitudes el secreto oculto de todos nuestros males.

Con maestría cursada en Inglaterra, Navarrete publica en una editorial trasnacional su libro en el que afirma que él, pese a ser mestizo, jamás en su vida profesional ha sufrido algún tipo de discriminación. Fustiga a aquellos que intentan explicar la realidad mexicana a través de autores extranjeros, pero las dos ideas centrales de su libro (La necropolítica, de Achille Mbembe, y la racialización, acuñada en la academia norteamericana) tienen ese origen.

Federico Navarrete es el ejemplo típico de la culpa de Occidente, movimiento crítico mediante el cual los intelectuales expresan los malestares de la cultura occidental negando o relativizando sus valores.

No es un libro científico, ni una visión de México, es un panfleto de denuncia mediante el cual pretende influir en la construcción de un país sin racismos ni discriminaciones, en el cual “juntos podamos comenzar a llorar y a curar nuestras heridas”. Pero, lo sabemos, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Twitter:@Fernandogr

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