Opinión

México, parada electoral para la Casa Blanca

SYRACUSE, NY.- No es casualidad que los punteros para ganar la candidatura de ambos partidos políticos de Estados Unidos para la presidencia en 2016, Chris Christie, gobernador republicano de Nueva Jersey y Hillary Clinton, exsecretaria de Estado, visitaran México en las últimas dos semanas.

La curiosa coincidencia de ambos aspirantes en nuestro país genera, al menos, dos preguntas: ¿Qué buscan los precandidatos en México? y, ¿cómo podemos aprovechar esas visitas?

Ambos están interesados en proyectar una imagen de líderes capaces de manejar los complejos temas internacionales. Nadie pondría en duda que para llegar a la Casa Blanca en 2016 se requiere una imagen de político versado en el escenario internacional. El mundo –y en especial la seguridad nacional de Estados Unidos– no había experimentado un nivel de amenazas tan grande desde los años 60 y 70, las décadas más difíciles de la llamada Guerra Fría (1947-1989).

Los problemas de México de inseguridad ciudadana, en comparación con lo que está pasando en Siria, Irak o Ucrania, son muy manejables. Más aún, las élites económicas y políticas estadounidenses están asombradas por las amplias reformas que ha liderado el presidente Peña Nieto. El gobernador Christie fue incluso elocuente: “las reformas estructurales de este país representan un enorme potencial para Estados Unidos y Canadá”.

Más allá de una coyuntura favorable, Christie y Hillary visitaron México por la importancia que tenemos para el vecino del norte. Nunca ha sido fácil para la diplomacia mexicana ubicar qué tanto pesa nuestro país en términos económicos y estratégicos para el vecino del norte. Durante la mayor parte del Siglo XX, nuestra clase política prefirió mantener una sana distancia –económica incluso– de Estados Unidos.

El legado de Carlos Salinas fue dar un gran golpe de timón para acercarnos con el fin de aprovechar la contigüidad con el mercado más rico del mundo. En su libro "El oso y el puercoespín", el exembajador Davidow insiste: “no hay otro país en el mundo que tenga tanto impacto en la vida diaria de los estadounidenses que México“. Esto lo entiende bien Hillary y seguramente Christie se empezó a percatar.

Las imágenes de Christie y Hillary en México, como los tacos que saboreó con su extraordinario diente el gobernador de Nueva Jersey, buscan identificarse con el electorado de origen Latino, del cual 66 por ciento es de origen mexicano. Los latinos o hispanos han sido decisivos en las últimas dos elecciones presidenciales. De acuerdo con Latino Decisions, los hispanos representan 16 por ciento de la población total de Estados Unidos y 10 por ciento de los votantes registrados. Para 2016, los votantes latinos serán decisivos en estados como Florida, Nuevo México, Nevada, Arizona y Colorado.

Los viajes de ambos son una extraordinaria oportunidad para transmitirles la relevancia de México; para insistirles que avanzando en los temas de la relación bilateral, los electores estadounidenses y mexicanos tendrían mucho que ganar.

El primero es la migración. Más allá de la conclusión de la reforma migratoria, no podemos permitir la falta de diálogo y mecanismos de concertación sobre algo que afecta a millones de mexicanos y con grandes impactos para ambos países. La reforma migratoria se ha convertido en un gran lastre, pues nos ha atado las manos esperándola, mientras se cometen grandes abusos contra nuestros connacionales.

Nunca había sufrido tanto el paisano como en los últimos años; nunca tantos fueron deportados y nunca hubieron tantas familias divididas. No podemos seguirles haciendo el trabajo sucio de deportar a los centroamericanos mientras ellos continúan reforzando inútilmente la frontera común.

El segundo tema es reencarrilar el proceso de integración económica iniciado por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en la década de los noventa y truncado por la carencia de reformas estructurales. Con éstas listas, el socio preferente debe ser México, más que China o Vietnam.

Finalmente, urge iniciar un diálogo estratégico con Estados Unidos. Siendo la treceava economía de mundo, y con aspiraciones de estar entre las diez primeras, no podemos darle la espalda a las graves transformaciones y amenazas que afectan al globo. Para esto habrá que definirnos, somos aliados o no de Estados Unidos. Canadá sigue siendo un país soberano y mantiene una alianza estratégica con su vecino del sur.

Una tarea impostergable para la política exterior de México es definir si queremos ser aliados de Estados Unidos en cuestiones estratégicas donde convergen nuestros intereses. Hay tres planos donde podemos ubicar este posicionamiento compartido: cuestiones hemisféricas, extra-hemisféricas y temas globales. En cada una hay costos y beneficios. Es del interés de México tener una definición antes del inicio de la administración que tome posesión de la Casa Blanca en enero de 2017.