Opinión

México necesita
un PAN moderno

Los partidos de oposición en México padecen, por motivos distintos, crisis existenciales poco oportunas, pues estamos en un momento crucial para México. En éste se definirá, entre otras cosas, el rol del estado en la economía de este siglo XXI.

En mi opinión, a la oferta política de México le urgen tanto una izquierda moderna como una derecha que lo sea. Me referiré a esta última, dada la disputa que hay por el liderazgo del Partido de Acción Nacional.

México necesita de un partido de derecha que defienda el papel de las empresas y de la inversión privada en el desarrollo económico del país.

Que proteja a la propiedad privada tanto de criminales como del estado. Un partido que rechace el desarrollo de clientelas políticas y de grupos que dependen del gasto público, porque estas prácticas entorpecen el desarrollo democrático y degradan la dignidad del individuo. Es peligroso cuando se permite que el desarrollo de esa dependencia sea la agenda para partidos políticos en el poder a nivel local o federal.

Se necesita de un partido que demuestre por qué los programas de subsidios son nocivos para el desarrollo económico del país. Hay abundante evidencia histórica que lo confirma. El subsidio a las gasolinas costó más de 11 mil millones de dólares el año pasado no porque la gasolina sea más barata en México que en Estados Unidos, no lo es; es el costo de la ineficiencia de Pemex para producir, porque una entidad subsidiada tiene cero incentivo para fomentar eficiencia.

Lo mismo ocurrió con el precio de la tortilla, base de la dieta mexicana. En las últimas décadas, su subsidiado precio en México ha aumentado en términos reales, mientras que en el estado de California, donde su tamaño permite comparaciones, bajó conforme la competencia y la inversión en tecnología repercuten en menores precios al consumidor.

Necesitamos de un partido de derecha que exija más de una reforma fiscal como la reciente y que exponga con fuerza argumentos sobre por qué falla ésta al no incrementar la base de recaudación, al no facilitar el proceso de cumplimiento fiscal, al no incentivar la transición de informalidad a formalidad, y además mantener las mayores tasas impositivas a corporaciones de entre países miembros de la OCDE.

Urge un partido político que defienda la educación de calidad y que impulse un proyecto de escuelas laicas privadas que compitan por recursos públicos (“charter schools”) ofreciendo maestros de alta calidad, programas modernos e instalaciones dignas para darle una alternativa real a millones de padres de familia que ven a sus hijos condenados al analfabetismo funcional por una educación pública cuyo gran logro en los primeros dos años de gobierno es saber cuántos maestros cobran en el sistema, y cuántos se paran frente a un alumno.

A este paso, quizá en el siguiente milenio logremos ofrecer educación de calidad, cuando el resto del mundo sea inalcanzable y estemos condenados a ser sus proveedores baratos de mano de obra (si es que un robot no nos sustituye antes).

Se necesita de un partido de derecha que exponga por qué es peligroso permitir un voraz gobierno en constante crecimiento que deja sin recursos a las empresas privadas, que fomenta ineficiencia y requiere de más impuestos para comprar a la clientela política que votará por él para perpetuarlo; que genera trámites complejos que garantizan parálisis, y exige mordidas que aceitan la grotesca maquinaria y llenan los bolsillos de funcionarios corruptos.

No necesitamos un partido de derecha que proteja al pequeño empresario de la competencia, sino de uno que asegure transparencia de las reglas y que los reguladores no son entidades para evitar actividad empresarial, sino para fomentarla asegurando un terreno de juego parejo para todos; de un partido que exija el imperio de la ley y una mejor impartición de justicia. Que, de paso, respete la clara división entre iglesia y estado.

Por último, requerimos de un partido político comprometido con lograr que las oportunidades sean las mismas para todos en nuestra sociedad, pero que defienda ferozmente la importancia de que sea el mérito y el trabajo lo que distinga a quien tiene éxito de quien no lo logra, alejándonos de la nociva narrativa redistributiva, y de fomentar la cultura de la envidia. Como dice el columnista conservador estadounidense George Will, “la envidia es el único de los siete pecados capitales que no provee siquiera un instante de placer”.

Pronto votarán los panistas para elegir a quien dirigirá su partido. Es urgente que, una vez electo, este partido cierre filas, impulse reformas estructurales en la dirección correcta y defina si quiere evolucionar hacia una agenda moderna de derecha o si simplemente se resignará a hacer acto de presencia. A México le urge una voz inteligente y propositiva.

Twitter: @jorgesuarezv