Opinión

México merece entender por qué pagará más impuestos


 
En la televisión estadounidense desde hace décadas ha habido una tradición dominical matutina en la cual todas las cadenas transmiten programas de entrevistas y debate políticos. Independientemente de la menor o mayor audiencia que ve uno u otro, éstos ofrecen una plataforma para que miembros de la administración defiendan políticas e iniciativas, permiten que el público presencie el debate entre representantes de los partidos, y posteriormente presentan el debate entre columnistas, analistas y expertos. Pero, igualmente importante, permite que la administración en turno dicte la agenda de temas de la semana para los medios, y sirve como plataforma incluso para que unos políticos escuchen a otros. A veces es un mismo vocero de la administración quien aparece en todos los programas, siempre con un claro guión de los argumentos que busca enfatizar. El mensaje se repite tantas veces como es posible, y después lo masifican utilizando Internet y redes sociales.
 
 
Esto me lleva a preguntarme quiénes son los voceros de la administración de Peña Nieto que están a cargo de defender los importantes argumentos ideológicos, económicos y políticos que están detrás de las reformas educativa, fiscal, electoral y energética. Esta administración ha decidido dejar un enorme vacío que, como usualmente sucede, no sólo está siendo llenado por quienes se oponen a éstas, sino que crecientemente se hace con argumentos dogmáticos, información sesgada y datos peligrosamente falaces.
 
 
El ejercicio es claro. Miles de opositores al gobierno, al PRI, a esta administración, al presidente en lo personal, o a las políticas propuestas, fabrican argumentos a todas luces falsos, pero que muchos quieren creer y amplificar utilizando redes sociales. Se unen al esfuerzo, celebridades que, por principio, critican. Para muestra, un botón. Ana Colchero, actriz de telenovela que ferozmente se opone a cualquier política promercado, dijo esta semana en Twitter que “Pemex vende la segunda gasolina más cara del mundo” y que la “Reforma Energética dejará sin empleo a 400 mil trabajadores”. Gael García Bernal, actor exitoso en ambos lados de la frontera, publicó en el mismo medio algo tan absurdo que es casi divertido, insinuó que el gobierno de Peña Nieto seguro pagó por la portada que la prestigiosa revista inglesa, The Economist, le dedicara al prometedor futuro de México hace algunos meses.
 
 
Sería extraordinariamente fácil proveer decenas de argumentos para refutar hipótesis que son el epítome de lo absurdo, pero parece que esta administración no considera importante hacerlo. Peor aún, la reciente propuesta de reforma fiscal propone elevar la tasa efectiva que pagarán corporaciones en México al nivel más alto en cualquier economía en la OCDE (37 por ciento), cuando el resto del mundo va en la dirección opuesta. Las tasas máximas para individuos andarán también por esos niveles.
 
 
La pregunta que me hago es qué obtienen los contribuyentes a cambio de ese incremento. Mucho se ha escrito en las últimas semanas sobre ejemplos de despilfarro y corrupción. Resulta increíble, por ejemplo, que en medio de un ejercicio para quitarle más dinero a los contribuyentes, en la Secretaría de Gobernación se han casi triplicado las direcciones generales adjuntas de un año a otro. ¿Estarán contratando gente para administrar mejor los pagos a todas luces injustificables que le hicieron a SME y CNTE? Quizá se estén preparando para la oleada de manifestantes que vendrán a acampar al Zócalo o a cerrar vialidades, ahora que se sentó un precedente tan absurdo al generosamente premiar a quien rompe la ley y atormenta a la ciudadanía. Claramente, cada vez son más quienes entienden que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.
 
 
Sí, alemanes, noruegos o suecos pagan más impuestos que alguien en México. Pero a cambio de éstos pueden caminar tranquilos por las calles a cualquier hora del día o noche pues son protegidos por policías profesionales (de esos que no secuestran), utilizan transporte público eficiente (de ese donde uno va sentado, sale y llega a tiempo), tienen carreteras (sin baches y que no se desmoronan con las lluvias), aeropuertos (que no son bloqueados por manifestantes), infraestructura de alta calidad (no construida obstruyendo caudales de ríos), y excelentes escuelas y universidades públicas (donde los maestros hasta dan clase). Lo único de primer mundo en nuestro esquema fiscal es el nivel de tasas que pagamos.
 
 
Al buscar en Internet quién coordina Comunicación Social en presidencia me encuentro con que es Don David López Gutiérrez, cuyos últimos dos tweets son sobre el 70 aniversario de la Secretaría de Salud, y sobre el Día Mundial de Lavado de Manos. Es interesante ver que la Presidencia de México tiene 822 mil seguidores en Twitter, mientras que Gael García Bernal tiene 1.8 millones. Me emocionaría leer los contundentes argumentos que provienen de la oficina del presidente para explicarnos por qué la reforma energética no costará sino creará cientos de miles de empleos, por qué la reforma educativa planta semillas para resolver la patética situación de la educación en México o, incluso, por qué este gobierno merece que le quitemos dinero a nuestras familias y a nuestros negocios para dárselo a ellos. Claramente, están a años luz de hacer un argumento coherente. No sé si la explicación sea por arrogancia, ignorancia o ineptitud, pero cualquiera de las tres me preocupa en sobremanera.