Opinión

México exporta chicle natural a 45 países

 
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chicle

México lleva cuatro años con crecimiento en las ventas de chicle natural en Europa. Su tasa de crecimiento anual promedio ronda 25 por ciento.

Muy pocas personas lo saben en México, si acaso y con motivo de satisfacción, los integrantes del Consorcio Chiclero que encabeza Manuel Aldrete desde Chetumal Quintana Roo.

El asunto es un caso de éxito insólito porque no se trata de un particular que invirtió su dinero y ha conseguido ganar mercado. Se trata de una empresa social en la que la mayor parte de los propietarios (70 por ciento) son indígenas mayas.

Cuando hablamos del Consorcio Chiclero referimos a una empresa social que desde la Segunda Guerra Mundial y hasta los finales años noventa estuvo al garete sin brújula ni rumbo, a la deriva entre caprichos de políticos estatales, federales y el dominio fundamentalmente japonés en una suerte de monopsonio en el que eran los nipones quienes marcaban las reglas del juego: ellos decían cuánto chicle habrían de comprar y a qué precio habrían de hacerlo.

En la Segunda Guerra Mundial se produjo mucho chicle natural porque el Tió Sam les mandaba a sus tropas dotaciones generosas de chicle natural obtenido de las tierras del entonces territorio de Quintana Roo.

Fue Mario Villanueva como gobernador de Quintana Roo quien manda revisar si tiene sentido intentar rehabilitar la zona chiclera representada por una sobreviviente selva de más de un millón 300 mil hectáreas prácticamente al garete. Eso fue en 1997.

La persona que le aconsejó a Villanueva hacer un esfuerzo por rehabilitar esa selva y esa organización social productiva fue Manuel Aldrete, quien es hoy director ejecutivo del consorcio que ha significado tranquilidad para dos mil familias, las más de indígenas mayas que tienen cientos de años de muchas generaciones trabajando esos árboles que pueden llegar a tener una vida de 300 años.

Hoy día, luego de haber iniciado un proceso de reestructura en 1998, tienen una base productiva de un millón 300 mil hectáreas, y sumando. El potencial productivo excede las cinco millones de hectáreas.

Además han incorporado las más modernas tendencias de sustentabilidad, cuidado del medio ambiente, han certificado sus cultivos como orgánicos, han atendido cuan internacional se les ha hecho y por ello están con tanto éxito en 45 naciones, todo Europa, parte de Asia, Estados Unidos y Canadá. El chicle de Chiczé es biodegradable.

Si en algún país son débiles, ese es México, paradójicamente.
El año pasado facturaron dos millones y medio de unidades, cajas con sobres que tienen una tira de chicle natural dividido en fragmentos de 15 o 30 gramos cada una.

Los hay de diversos sabores. Entre los más destacados el limón, menta, canela, mezcla de moras y yerbabuena. Sus certificaciones son seis, todas permiten constar que se trata de un producto orgánico que les abre las puertas a la Unión Europea y Estados Unidos, e incluso es amigable con los hábitos de consumo Kosher.

El esfuerzo ha dado resultado. Los chicleros viven mejor hoy día que como vivían hace 60 años cosa que lamentablemente no pueden asegurar todos los mexicanos.

Antes 45 por ciento del valor del producto quedaba en manos de los chicleros. Hoy 85 por ciento. Tienen seguridad social, fondo de ahorro, prestaciones y becas para sus hijos en nivel de educación media superior y superior.

Superaron a las adversidades que les puso la historia. Desde la hegemonía en la compra gringa hasta la tiranía nipona. Hoy ellos no venden solo materia prima, también elaboran sus productos e incluso cuentan con comercializadoras propias en el extranjero.

Se salvó la selva cuando Luis Echeverría dijo que no debería haber un solo campesino sin sembrar y no faltó el iluminado que interpretó el deseo presidencial como orden para tumbar la selva. No le dio tiempo suficiente para acabársela y por ello sigue dando chicle.

Como los arboles de Belice y Guatemala no están debidamente organizados, no le han sacado provecho a sus extensiones de Chicozapote.

En México es un milagro esta empresa social. No faltará el neoliberal que anote el éxito como la orden para acabar a esta organización productiva integrada en 70 por ciento por indígenas mayas.

En 2016 recuperarán mil hectáreas e intentarán diversificar cultivos afines al árbol agregando al pie pimienta nativa de la selva y harina de Ramón, que es una suerte de cereal vinculado al árbol que ofrece el latex del chicle natural.

Digno de aplauso. Inconcebible caso de éxito de una organización social mexicana.

Twitter:
 @ETORREBLANCAJ

Correo: direccion@universopyme.com.mx

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