Opinión

México, en una
crisis de recaudación

El gobierno federal pretende comprometerse a no modificar el esquema fiscal del país en un plazo de tres años pese a que, claramente, los cambios impositivos vigentes a partir de este mes son insuficientes para incrementar la recaudación.

Históricamente, la recaudación tributaria en México, sin considerar los ingresos petroleros ni las contribuciones de seguridad social, sólo ha representado 10 por ciento del PIB.

En cambio, en los países miembros de la OCDE, de la cual México es uno de sus 34 integrantes, es de entre 19 y 25 por ciento.

Lo ideal es una recaudación de entre 16 y 18 por ciento del PIB, sin incluir los ingresos petroleros, pues permitiría al Estado mexicano cumplir sus compromisos en materia de gasto y deuda.

Reforma fiscal, insuficiente

Cuando a principios de septiembre pasado el presidente Enrique Peña Nieto envió al Congreso su iniciativa de reforma hacendaria, su gobierno planteó que, de ser aprobada, se traduciría en un incremento significativo de los ingresos públicos.

Estimaba que para 2014 los cambios al marco fiscal significarían una recaudación adicional de 1.4 por ciento del PIB, que crecería hasta alcanzar 2.8 por ciento en 2018.

No obstante, cuando la Cámara de Diputados y el Senado de la República aprobaron la reforma, el gobierno revisó su proyección y ahora espera captar recursos por el equivalente a 1 por ciento del PIB en este año y 2.5 por ciento hacia el final de la administración.

“Cualquier reforma tributaria que genere una recaudación incremental de dos y medio puntos del PIB en cualquier país, es una reforma significativa”, dijo a principios del mes el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en el seminario de perspectivas económicas del ITAM.

Captación extra, mínima

De esa proporción, 1 por ciento del PIB se destinará a los estados y municipios por medio de las transferencias federales que realiza el gobierno vía participaciones y aportaciones.

Lo anterior quiere decir que la recaudación extraordinaria proveniente de la reforma fiscal será de sólo 1.5 por ciento del PIB en 2018.

De eso se desprende que la recaudación tributaria al final de la administración representará alrededor de 11.5 por ciento del PIB.

Al margen de sus afectaciones, la reforma no generará los recursos necesarios para financiar el gasto público, sobre todo el relacionado con la inversión física y social.

Petróleo, tabla de salvación

Estructuralmente, el país tiene un problema de recaudación, que ha sido compensado por los ingresos petroleros, que representan una parte importante de los recursos públicos.

En los últimos tres años, el precio promedio de la mezcla mexicana de petróleo se cotizó en cerca de 100 dólares por barril, muy por arriba de la referencia utilizada en la Ley de Ingresos de la Federación.

La pérdida de competitividad fiscal se mantendrá mientras no se combata la informalidad.

Informales, intocables

En el país, 60 por ciento de la población ocupada está empleada en el sector informal de la economía.

Casi 30 millones de mexicanos no están incorporados en ningún régimen fiscal.

La reforma fiscal, sin embargo, no incluye medidas tributarias para combatir a fondo la informalidad.

Tampoco genera los incentivos necesarios para promover una mayor formalidad en la economía.

El nuevo Régimen de Incorporación Fiscal prevé un proceso de transición muy amplio, lo que no garantiza su cumplimiento.

La reforma recae en la misma base de siempre, la que integramos los contribuyentes cautivos.