Opinión

México: cultura y balazos (segunda parte)

 
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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

En la columna pasada escribí que en México se culpa al gobierno por el bajo nivel educativo. Las razones: gasta mal, existe alta corrupción, no pone orden. Por lo tanto, la baja calidad institucional lo hace un culpable perfecto. Mencioné entonces un estudio de Pew Research que indica que 50 por ciento de los asiático-americanos mayores de 25 años tienen título universitario mientras que entre los latinos, incluidos la enorme masa de mexicanos que vive en Estados Unidos, apenas lo tenía el 13 por ciento. Por supuesto, por eso no puede ser culpado el Estado mexicano.

Ahora quiero contarles algo. Durante el último año, en varias conferencias y reuniones informales, me he dedicado a molestar la conciencia y las buenas costumbres de alrededor de dos mil ejecutivos, empresarios y alguno que otro intelectual: quiero saber cuánto hacemos por dar el ejemplo y asumir la responsabilidad ciudadana de aportar a la sociedad. Lo que solía decir era algo como esto:

“Todos ustedes son exitosos en alguna rama de actividad. Y todos se han quejado de la mala calidad del sistema educativo mexicano.

Déjenme preguntarles algo: ¿cuántos de ustedes voluntariamente han dedicado una hora, una sola, en un año cualquiera, para ir a una escuela, incluyendo la de sus hijos, a compartir con estudiantes sus experiencias, enriqueciendo sus vidas?

La respuesta: menos de 2.0 por ciento contestaron afirmativamente. ¿Qué quiere decir esto? Que uno podrá cuestionar al Estado mexicano por sus muchas fallas, pero no cambiarán demasiadas cosas si la sociedad no toma cartas en el asunto. Hablo de que los padres deben también ser un ejemplo de responsabilidad ciudadana cuando se trata de la educación de sus hijos. ¿Recuerdan los asiático-americanos que mencioné más arriba? Pues los padres están íntimamente involucrados en el seguimiento del desempeño de sus hijos. Controlan su tarea, los incentivan a aprender más. No por nada llaman tiger moms a las madres asiáticas que empujan a sus hijos a no ceder.

El ejemplo del involucramiento de los padres no es sólo aplicable a los asiáticos. En Finlandia, los padres participan de las reuniones escolares a menudo. En Estados Unidos, las madres y padres destinan horas todas las semanas a hacer voluntariado en las escuelas de sus hijos.

En 1994, los investigadores Anne Henderson y Nancy Berla contribuyeron a fortalecer las políticas del Comité Nacional de Ciudadanos por la Educación de Estados Unidos con su estudio “Una nueva generación de evidencias: La familia es crítica para los éxitos del estudiante”, que halló que “lo que predice en forma más acertada los logros de un estudiante en la escuela no es el ingreso o el estatus social, sino hasta qué punto su familia es capaz de: 1) crear un ambiente que favorezca el aprendizaje, 2) exprese altas (pero realistas) expectativas para las perspectivas de las carreras futuras de sus hijos y 3) se involucre en la educación de sus hijos en la escuela y la comunidad”. No sucede eso en México.

Déjenme ser claro: el Estado falla, corregirá, hará muchas cosas bien y otras tantas mal, pero no resolverá solo el problema educativo. Las familias deben asumir un rol participativo. Es una sociedad sin compromiso la que deja sólo en manos de servidores públicos las decisiones en las que debería tener voz y ser parte ejecutora. ¿Qué tanto daño creen que hace nuestra ausencia de las aulas en la vida de nuestros propios hijos?

Esta columna reaparecerá el 4 de abril.

Opine usted: rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter: @JaqueRogozinski

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