Opinión

México: Confianza y desarrollo

 
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Todos los días leemos, vemos y escuchamos a la prensa y a expertos repetir que dos de las principales causas del bajo crecimiento económico de México son la corrupción y la impunidad. El único culpable: el gobierno, todos los servidores públicos.

Sin embargo, el problema del bajo crecimiento económico en el país es mucho más complejo. Uno de ellos, como lo explico en mi libro Mitos y mentadas de la economía mexicana, es el relacionado con los efectos de los bajos niveles de confianza interpersonal de toda la sociedad mexicana. O sea, en México no sólo se desconfía de los gobernantes sino de la sociedad en su conjunto.

Jan Delhey y Kenneth Newton publicaron en 2005 que la confianza es la creencia de que los demás no nos harán daño deliberada o conscientemente, y se ocuparán de nuestros intereses si esto es posible. Muchos estudiosos del tema han concluido que los niveles de confianza son, en parte, las diferencias observadas en el crecimiento económico y el empleo entre países y regiones.

Existe una correlación entre confianza de la sociedad con una reducción de costos de transacción y mejoría en la calidad del trabajo. También se ha demostrado que la mayoría de los países con altos niveles de confianza interpersonal tienen, en promedio, mayores niveles de productividad.

Y hay más: Stephen Morris y Joseph Klesner en su estudio 'Corruption and Trust: Theoretical Considerations and Evidence From Mexico', concluyen que los bajos niveles de confianza interpersonal y política son tanto la causa como la consecuencia de la corrupción.

El informe 'Panorama de la sociedad 2016' de la OCDE muestra que alrededor de 36 por ciento de los entrevistados expresaron tener confianza interpersonal; en los países nórdicos, más de 60 por ciento de los entrevistados confían unos en otros, frente a menos de 13 por ciento en México y Turquía. México se encuentra entre los nueve países que menos confían.

Los niveles de confianza interpersonal en México han caído de forma importante en los últimos años, registrando en 2014 los niveles más bajos desde 1984, con sólo 12.4 por ciento de la población que responde afirmativamente a la pregunta “la mayoría de las personas son confiables”.

Esto explica, en parte, porqué más de 99 por ciento de las empresas mexicanas son familiares y también porqué hay tan pocas registradas en la Bolsa Mexicana de Valores. No se confía en los socios. De esto no se puede culpar al gobierno.

El sitio web Our World in Data, de la Universidad de Oxford, estudia la correlación entre los niveles de confianza interpersonal, el PIB per cápita y los niveles de desigualdad. Los hallazgos son sorprendentes: la mayoría de los países con mayores niveles de confianza tienen menores niveles de desigualdad. México es el segundo país con mayor desigualdad de los 34 países de la OCDE.

Como se ve, hay muchas razones que podrían explicar el lento crecimiento económico y los problemas sociales de México, cada día más preocupantes. Es pertinente que pongamos la mirada no sólo en las instituciones públicas, sino también en los valores de nuestro inconsciente colectivo, nuestros hábitos y creencias sociales. Sí, aunque muchos no lo quieren aceptar, nuestra cultura.

Allí, seguramente, encontraremos más respuestas y también algunas ideas de cómo convertirnos cada uno de manera individual en agentes de cambio y motores de desarrollo. Podríamos empezar por confiar y colaborar más entre nosotros.

Esta columna reaparecerá el 21 de agosto de 2017.

Twitter: @JaqueRogozinski

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