Opinión

México como Zona Económica Especial

 
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Diputados minuto silencio

La semana pasada el presidente Peña Nieto presentó al Congreso una iniciativa de ley para la creación de las Zonas Económicas Especiales.

Una ZEE es una zona geográfica particular en las que las reglas para hacer negocios son diferentes a las que prevalecen en el resto del territorio de un país. Estas reglas diferenciadas se refieren principalmente a las condiciones para la inversión y al tratamiento aduanal, fiscal y regulatorio, con la idea de crear un entorno más flexible y eficiente para la inversión.

La primera ZEE de la era moderna fue Shannon, Irlanda en 1959, aunque probablemente el caso más interesante sea el de Shenzhen, justo al norte de Hong Kong, que fue designado como una ZEE para experimentar con reformas económicas más liberales que las autoridades chinas no estaban preparadas para implementar en todo el país. Antes de los 80, Shenzhen era un pequeño pueblo pesquero; hoy es una ciudad cosmopolita de 14 millones de personas. Su PIB se ha multiplicado más de 100 veces en los 30 años desde que se designó como ZEE.

Shenzhen es un caso exitoso y como tal, ha querido ser replicado en todo el mundo. Hoy hay más de cuatro mil 300 ZEE y desde luego, no todas han sido exitosas y ninguna lo ha sido tanto como ella. Corea, Myanmar y los Emiratos Árabes Unidos son casos de éxito. Pero en algunas regiones de India, Senegal, Ucrania, Nigeria, las ZEE han fracasado.

Las ZEE pueden servir para diversificar la industria exportadora, como es el caso de Egipto y Marruecos, y también para industrializar determinadas regiones. Para que una ZEE sea exitosa, la región en la que se implementa tiene que estar bien comunicada con el resto de la economía y con los mercados globales –tiene que tener puertos, aeropuertos, carreteras– y debe ser capaz de proveer servicios elementales para la industria como electricidad, agua y combustibles.

Sin duda, la calidad de la infraestructura contribuye más al éxito de una ZEE que los beneficios fiscales por sí mismos. Es decir, si el gobierno quiere que las ZEE sean exitosas tendrá que invertir en infraestructura con altos estándares.

La claridad de las reglas juega un papel fundamental en la implementación de las ZEE. Se tiene que lograr un complicado equilibrio entre una adecuada supervisión gubernamental y la desregulación necesaria para que estas zonas prosperen. Muchos fracasos se deben a los desequilibrios –y la corrupción asociada– que se generan cuando las reglas no son claras.

Pero hay una condición todavía más relevante para determinar el éxito o fracaso de una ZEE: el Estado de derecho. Sin un Estado de derecho funcional, en el que las reglas se apliquen, no habrá ZEE que funcione.

De nada sirve tener la mejor carretera del mundo o el puerto más eficiente si pueden ser bloqueados en cualquier momento por manifestantes. De nada sirve prometer beneficios fiscales, si no se otorgan condiciones elementales de seguridad.

La gran duda es si las ZEE pueden generar dinámicas de crecimiento sostenido, si logran extender sus beneficios más allá de su zona geográfica específica. Y ahí, los experimentos exitosos son más escasos. Los esquemas tradicionales de ZEE han servido para atraer inversión y crear empleos en el corto plazo, pero no han logrado mantener sus beneficios cuando aumentan los costos laborales o cuando el acceso preferencial al comercio ya no ofrece una ventaja suficiente. El éxito de las ZEE en Corea radicó en que estaban integradas perfectamente con el resto del país, tenían acceso a los mercados internacionales y las reglas eran claras.

Las ZEE pueden funcionar como catalizador para la actividad económica, pero no son la panacea para el desarrollo. El éxito radicará en los detalles de su implementación, la claridad de las reglas, la transparencia en su funcionamiento y la aplicación del Estado de derecho.

¿Por qué no extender los beneficios otorgados a ciertas regiones a todo el país? ¿Por qué no eliminar barreras a la competencia, simplificar los trámites, invertir en infraestructura útil, garantizar la calidad de los servicios, mejorar el Estado de derecho? Tal vez podríamos convertir a todo el país en una Zona Económica Especial.

La autora es profesora de economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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