Opinión

México analógico ra-ra-ra

Una nota del portal de El Financiero del pasado 29 de abril estaba mal cabeceada. Es decir, su titular era incorrecto, pobre por decir lo menos. La edición online decía IFT retrasa ‘apagón analógico’ en ciudades del norte del país”. Eso, sin ser mentira, es inexacto. El título correcto de esa información es: “El progreso de México sufre un nuevo retraso”. Ni más, ni menos.

Pero no son mis compañeros editores de la web los que están mal. En general nadie está bien en el tema de una política nacional de reconversión tecnológica. Ni el gobierno, ni la oposición, ni los empresarios, ni la comentocracia, ni los tuiteros profesionales….

La decisión del IFT sobre el apagón analógico es al mismo tiempo una punta del iceberg y el final (aunque también el inicio) de un efecto dominó. El pleno de ese instituto no puede aprobar el apagón porque no se cumplen las condiciones legales para el mismo, y no se cumplen porque las condiciones reales de penetración de la televisión digital son pobrísimas (cosa que es increíble que “descubramos” con una encuesta como la realizada por el IFT, pero en fin). Esta no es una materia tipo el huevo o la gallina, es el resultado de un país que lleva diez años (el acuerdo para la transición tecnológica es de junio de 2004) sin hacer la tarea. Bravo México.

En tanto, el resto del mundo sí se puso las pilas y de ahí que hace tres semanas fuéramos exhibidos por el World Economic Forum como un país que había bajado en un sólo año 16 lugares en conectividad. Lo peor es que no es que nuestro país haya descendido per se, es que el resto del planeta avanzó más rápido: nuestro valor (3.9), es decir la calificación que sacamos en el ranking del reporte global de tecnologías de la información fue el mismo en 2013 y en 2014.

Al revisar el documento del WEF se descubre el hilo negro: bajamos 30 lugares en asequibilidad y en el rubro de calidad del sistema educativo caímos 19 lugares. Se pierden diez lugares en accesibilidad a contenido digital, se pierden 8 en ancho de banda, se pierden 27 lugares en tarifas de telefonía celular, se pierden 5 posiciones en habilidades (skills), se pierden 7 en uso individual, caemos 8 en hogares con computadoras, se pierden 7 en usuarios de Internet, 11 lugares abajo en innovación y entorno de negocios, 18 menos en preparación (readiness). Hay por supuesto algunos avances, pero deberíamos enfocarnos en los retrocesos.

El apagón analógico no es el cambio de viejas teles por nuevas. Es un indicador clave para determinar si México tiene políticas de cancha pareja para que sus ciudadanos seamos competitivos internacionalmente. El no haber podido cumplir el plazo en lugares tecnológicamente emblemáticos como Ciudad Juárez y Monterrey debería activar movilizaciones de los tuiteros protestionales, de la IP y de la oposición. Pero no ha sido así. O nos ponemos las pilas o nos quedaremos en el mundo analógico de la Rosa de Guadalupe y de las tarifas celulares absurdamente exorbitantes. Nuestros hijos no van a entender que no hayamos captado el mensaje.