Opinión

Meridiano de Greenwich & Sueños de Indias

 
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Biblioteca pública Aeromoto. (www.chilangopost.com)

El pasado lunes 11 de abril de 2016 el artista Diego Salvador Rios presentó una exposición. Ésta no sucedió dentro de un espacio de exhibición tradicional -pensemos en un museo o galería-, sino en la calle de Independencia, en la plaza del Barrio Chino de la Ciudad de México, bajo los arcos del mismo barrio. Haciendo uso de un diablito que transportaba diversas cajas con las obras de arte, el artista caminó por Eje Central desde su casa-estudio ubicado en la colonia Obrera hasta su destino, al ritmo de un soundtrack ecléctico, lleno de misterio y sonidos atemporales que fácilmente remiten a las tradiciones musicales del sur y del oriente. La selección sonora corrió a cargo de Lewis Teague Wright, artista inglés, a quién Rios invitó a colaborar en esta ocasión, además del artista mexicano Joel Castro-Ramos.

Alrededor de las seis de la tarde una parte de los objetos ya estaba dispuesta sobre la lona y la plaza. A esta hora Rios comenzó a realizar un trazo sobre el piso. En segundos, una línea que el artista señaló como el Meridiano de Greenwich sobresalía en el adoquín de la plaza, ésta era señalada como el primer meridiano del mundo que separa el lado este del lado oeste de nuestro planeta.

Poco a poco se fueron haciendo evidentes las intenciones de Rios y su interés por cuestionar sobre las medidas, sobre los valores, sobre aquello que establece los parámetros con los que medimos lo que sea, y sobre la relación de poderes que normalizamos cada vez que damos por sentadas lógicas de valoración y medición; la incapacidad que nos representan estas métricas y escalas, preestablecidas, para ser renegociadas. Mientras tanto, el artista hablaba y leía sobre el tiempo, sobre su colonización, sobre cómo la normatización totalitaria con la que entendemos y vivimos el tiempo ha sido agente en la colonización de nuestro cuerpo y mente, de la realidad y nuestra percepción de ésta, de la vida diaria. Al realizar un trazo que, sin ninguna trascendencia ni legitimación, replantea el centro del mundo y el origen del tiempo, el artista nos abre la posibilidad a imaginar otra lógica de valores y medidas.

La informalidad de esta acción-performance-instalación-exposición no se limita a la referencia que el diablito nos hace a la economía informal, tampoco se reduce a la realización de una instalación sin permiso y sin aviso a la sombra del edificio de relaciones exteriores, ni a la fragilidad y pequeñez de todos los objetos que componen la muestra. El mayor rasgo de informalidad sería, quizá, la fragilidad sobre la que se sostienen este tipo de prácticas. Arraigadas en el sacrificio, la necedad impulsiva y perseverante de no rendir en los sueños y continuar apostando por una vida que no esté previamente definida y otorgada a los flujos descarnados y opresivos del capitalismo voraz que hoy está cerca de involucrar todo lo que sucede. Es justo en este tipo de acciones artísticas que se abre espacio para un respiro y para imaginar y afirmar la posibilidad de momentos relacionales no fiscalizados.

Para concluir diría que es refrescante ver a un artista que empodera los objetos más residuales, banales e intrascendentes para revalorarlos no por el objeto mismo, sino por el sentido y valor que se le entrega a ese objeto. ¿Cómo es entonces que algo que es casi un nada, no sólo nos permite preguntarnos sobre todo, sino que además nos acerca a una infinita posibilidad de narrativas?

Diego Salvador Rios realizará durante todos los sábados de mayo, de 12 a 2:00 PM, las Relecturas al Colonialismo en la biblioteca pública Aeromoto. Calle Venecia 23, Cuauhtémoc, Juárez, CP 06600, Ciudad de México, DF. Teléfono: 520-6620. La entrada es libre y la invitación es para todas las edades.

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