Opinión

Mercado de tierras, 
fundamental para
el desarrollo rural

 
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tierras

Con motivo de la firma de la paz en Colombia, y bajo la premisa de que la propiedad de la tierra fue una de las causas del conflicto armado, recientemente en 'Foro Económico. Un Blog Latinoamericano de Economía y Política', Margarita Gáfaro realizó un análisis de las teorías en torno a la propiedad de la tierra, las conclusiones de la evidencia empírica y “lo que nos falta por aprender”.

Varios de sus argumentos y reflexiones son aplicables al caso de México, en particular a la luz de la anunciada y no instrumentada reforma al campo en esta administración, que queda como un gran pendiente para impulsar el desarrollo rural en los próximos años.

Como señala Gáfaro, la sociedad debe ponerse de acuerdo sobre el tipo de derechos de propiedad que se ajusta a sus condiciones económicas y sociales; “cuando estas condiciones cambian, el sistema de propiedad cambia con ellas”.

Históricamente, en la propiedad rural mexicana ello ocurrió con el régimen del porfiriato, el reparto agrario con la revolución, el nuevo reparto en el cardenismo, el desastre del echeverrísmo y, el más reciente, con la reforma al artículo 27 constitucional en 1992 con el salinismo y, de manera indirecta, con la entrada en operación del TLCAN en 1994.

Más de 25 años después, las condiciones estructurales de la economía y del campo han cambiado significativamente, pero el sistema de propiedad se quedó estancado lo que, como bien señala esa autora, propicia incertidumbre sobre la tenencia de la tierra que “resulta en niveles subóptimos de inversión en las tierras y, con ellos, niveles de productividad agrícola inferiores a su potencial”. Es el caso de México en las últimas décadas.

También expone que “de acuerdo con la teoría económica, la posibilidad de transferir tierras de un propietario a otro contribuye a su uso eficiente”, al constituir garantías para créditos (colaterales) y para inversiones que incrementen la productividad.

A ello habría que agregar que las transferencias permiten aumentar las escalas de producción, lo que para muchas actividades agropecuarias es un determinante de la rentabilidad.

Paradójicamente, según la 'Actualización del Marco Censal Agropecuario' del Inegi, entre 2007 y 2016 el número de terrenos aumentó 3.3 por ciento, lo que significó un fraccionamiento de la propiedad rural, a pesar de que en el mismo periodo se redujo la superficie (en número de hectáreas) de propiedad ejidal y comunal de 61.2 por ciento de total a 56.4 por ciento.

Los grandes productores, que poseen 2.6 por ciento del total del terrenos pero 14.5 por ciento de la superficie, tienen 94 hectáreas en promedio, mientras que los pequeños y medianos productores sólo 13. Ello pone de manifiesto la elevada pulverización de la propiedad agropecuaria y forestal en México.

No hay duda, como también puntualiza Gáfaro, que eliminar las restricciones a las transacciones de tierras —que en México continúan siendo sustanciales y dependientes de una maraña de procedimientos burocráticos que involucran asambleas ejidales, Procuraduría Agraria, Registro Agrario Nacional, tribunales agrarios— no es una condición suficiente para mejorar el acceso al crédito, así como elevar la rentabilidad y la eficiencia; también depende del desarrollo de los mercados financieros, la infraestructura en zonas rurales y la productividad de los suelos.

En este ámbito, la historia de las entidades financieras rurales, comerciales y de desarrollo en México es patética; si bien en los últimos años se ha avanzado para restituir el sistema, el financiamiento sigue sin fluir al campo en los montos requeridos, a lo que se suma la deficiente infraestructura (y la pésima orientación y canalización de los apoyos), y la ausencia de una política pública de recuperación de suelos agropecuarios.

Ya es hora de perfeccionar y modernizar el marco legal e institucional para reconocer el valor y darle movilidad al activo más valioso de los productores (su tierra); y crear un verdadero mercado.

* El autor es socio de GEA Grupo de Economistas y Asociados.

Correo: mruizfunes@gmail.com

Twitter: @ruizfunes

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