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Papa. (Cuartoscuro)

Terminó la visita del Papa Francisco a México y muchas de sus palabras, creo, tuvieron eco en la sociedad mexicana. En sus mensajes se dirigió lo mismo a la clase política que al propio clero; a los migrantes, a los indígenas y, sobre todo, a los jóvenes. Llamó la atención de la gente en su conjunto acerca de los comportamiento que sabemos –desde hace tiempo- han deteriorado la vida del país.

En mi opinión, Jorge Bergoglio apeló a un par de principios individuales que, llevados a cabo, nos ayudaría a resolver mucho: la corresponsabilidad y el compromiso. Ambos, bien llevados, permiten efectivamente que las cosas progresen. Implican también buscar unidad ante los temas más complejos de nuestra nación, para poderlos enfrentar. Para ello, se requiere que nos conduzcamos principalmente con la verdad, por muy dura o triste que ésta sea.

La corresponsabilidad se reduce a hacer lo que nos toca. Nos hemos acostumbrado a ignorar e incluso aceptar los abusos, la corrupción y la impunidad como si fueran inamovibles de nuestra vida cotidiana. Y en menor o mayor medida, no hacemos mucho por modificarlo. Si buscamos un común denominador en lo que dijo el Papa, éste podría ser que nada de lo que nos ha sucedido como sociedad es fatal y que, si queremos, podemos cambiarlo.

Asumir el compromiso de cuidar al otro a través de nuestra conducta personal, representa entender que nuestras acciones pueden ayudar a mejorar a terceros y no sólo a nosotros mismos. En hacerlo tenemos que enfocar nuestros esfuerzos. Un ejemplo, denunciar cualquier cosa con la que no estemos de acuerdo, por más inútil o burocrático que lo consideremos. Sólo así evitamos que alguien más sufra el mismo problema.

Hacerlo no es sencillo, se requiere de compromiso, valor y voluntad para vencer una maquinaria que hemos fortalecido con nuestra indiferencia cotidiana. A esta altura, cada vez que consentimos un delito o un abuso somos cómplices del desgaste social, económico y de calidad de vida que padecemos. Eso no lo dijo el Papa, lo escribo yo con base en las miles de evidencias que atestiguamos en el Consejo Ciudadano sobre la forma en que contribuimos con los problemas de los que luego nos quejamos; pero también con el optimismo de miles de casos que se resuelven gracias a que tomamos conciencia de que la solución está –aunque no lo creamos- en nuestro poder.

Esto habla de la importancia de asumir estos (y otros) mensajes como una reflexión que nos lleve al cambio real. Ese cambio que es posible y no necesita intervención divina, sólo de nuestra voluntad y de nuestro compromiso.

Twitter:@LuisWertman

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