Opinión

Mensaje a la oficina
de Carlos Salinas

Para: oficina de Carlos Salinas de Gortari.

De: oficina de Carlos Ramírez.


Estimada oficina de Carlos Salinas, espero que al recibir la presente se encuentre bien en compañía de familiares y amigos. Hacía tiempo que anhelaba el pretexto para escribirle en su función de ghost writer de los sentimientos del expresidente de la República. Pero también para decirle que guardo buenos recuerdos de tiempos pasados: ¿cómo está el escritorio que vio pasar tantos documentos, y la salita donde grandes personalidades tomaban café susurrando secretos de Estado?

Pero bueno, dejémonos de frivolidades. Mi intención, querida oficina de Carlos Salinas, es comentar no propiamente la entrevista a modo que le hicieron a su jefe en El Universal sino algunos temas interesantes que me tocó vivir en ese tiempo como oficina de mi jefe Carlos Ramírez. Y de ellos destacan tres:

1.- Los sentimientos en contra de Manuel Camacho Solís, luego del papel que éste desempeñó como operador político de su carrera hacia la presidencia. ¿Ya se habrá olvidado su jefe, estimada oficina de Carlos Salinas, que Camacho salvó las elecciones de julio de 1988 negociando con el Frente Democrático varias senadurías a cambio de no reventar el conteo? ¿Y que Camacho pactó en secreto con el líder panista Luis H. Alvarez, para intercambiar el voto del PAN en la calificación de las elecciones en el colegio electoral por reformas políticas? ¿Y que Camacho operó las concertacesiones de gubernaturas a cambio de apoyo del PAN?

Más aún: ¿ya se habrá olvidado su jefe Salinas, querida oficina de Carlos Salinas, que la gran victoria de Camacho en la negociación con los zapatistas no fue el cese al fuego sino la exclusión, en los 40 puntos acordados, del tema de la exigencia del EZLN y Marcos de la renuncia de Salinas por el fraude de 1988 y por tanto su ilegitimidad? Si el EZLN hubiera mantenido esa demanda, la guerra en Chiapas se hubiera reanudado. Al final, estimada amiga oficina de Carlos Salinas, Camacho salvó la presidencia de su jefe Salinas en 1994.

2.- El odio de su jefe Salinas, estimada oficina de Carlos Salinas, hacia Zedillo tuvo que ver con la aprehensión de Raúl Salinas de Gortari a finales de febrero de 1995. Hasta donde recuerdo yo como oficina de Carlos Ramírez, Zedillo no odiaba a Carlos Salinas. La decisión de aprehender a Raúl se dio en el contexto de una ola de opinión pública que estaba presentando a Zedillo como el beneficiario del asesinato de Colosio. Las complicidades determinantes, diría el Henry V de Shakespeare, son las de la sangre: “porque aquel que derrame hoy su sangre conmigo será mi hermano”. Por eso Zedillo rompió la complicidad de la sangre con Salinas arrestando a su hermano.

3.- Y el tema que ha provocado un alud de cartas de usted, querida oficina de Carlos Salinas: la devaluación del 20 de diciembre. Pero resulta que su jefe Salinas dejó las arcas sin reservas por la crisis de 1994, Pedro Aspe no se quedó de secretario de Hacienda de Zedillo como exigía Salinas y las advertencias de una devaluación fueron rechazadas por Salinas para no contaminar su salida del gobierno. ¿Ya se olvidó Salinas, estimada oficina de Carlos Salinas, de la reunión en su casa el 20 de noviembre para hablar de la urgencia de la devaluación?

En fin, hablar de Salinas es una pérdida de tiempo. Queda sólo el patético último párrafo de la primera parte de la entrevista el lunes, en el que el entrevistador compara frívolamente una entrevista a modo con la campaña de Salinas como presidente contra EL FINANCIERO porque era el único diario crítico a su gestión y lo acosó para callarlo o cerrarlo. Para su jefe Salinas, estimada oficina de Carlos Salinas, sólo esas dos líneas de exoneración familiar valieron la entrevista. Lo demás es prescindible.