Opinión

Menos migrantes
y más vergüenza

 
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Inmigrantes. (México Migrante)

Por supuesto que hoy los migrantes mexicanos en Estados Unidos requieren de apoyo y comprensión por parte de nuestros gobernantes y de la misma sociedad mexicana. Para su defensa jurídica se han destinado mil millones de pesos, es decir 50 millones de dólares que, repartidos entre los 50 consulados que tenemos allá, le toca a cada uno sólo un millón de billetes verdes. Para comunidades mexicanas que viven en Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Tucson, Washington, Oklahoma, Ohio, etcétera. Esa cantidad para pagar abogados que los defiendan es ridículamente insuficiente. Pero preguntémonos por qué la hostilidad de un patán como el que preside la Unión Americana nos pone a temblar.

Nos ufanamos de vivir en democracia y hay muchos elementos para justificarlo. La democracia lleva en sí un ideal igualitario y de libertad.

¿Por qué millones de mexicanos han abandonado sus tierras, incluso sus familias, para ir a buscar trabajo en otros lugares donde se habla otro idioma, hay otro tipo de comida y otros valores? Para ello han debido caminar kilómetros de tierras áridas, vencer mallas metálicas, atravesar ríos y montañas; han expuesto sus vidas y cuando llegan a lo que consideran el sitio ideal para trabajar, encuentran todo tipo de obstáculos, comenzando por esconder su propia identidad, aceptar tareas ruines e incluso degradantes. Su vida se convierte en jornadas de sacrificio y pestilencia. Esos hombres son pobres entre los pobres.

Son mal pagados, mal alojados, víctimas de toda clase de discriminaciones debido a su carácter de extranjeros. Los explotan porque la ignorancia del idioma y de la ley los convierte en seres débiles, vulnerables, temerosos de ser encarcelados, deportados y con ello arruinar la búsqueda del dinero que desean enviar a sus familias. A pesar de todos los obstáculos, de sus temores, de la conciencia permanente de su falta de raigambre y de su fragilidad, de lo poco que ganan una parte la envían a sus familias que en México han quedado sin sostén y sin protección. Son los olvidados que sólo ahora, ante la amenaza que se cierne sobre ellos, han vuelto a ser recordados y, entre lo primero que sale a relucir, es el monto de sus remesas. Se equiparan a la renta petrolera, rivalizan con la entrada de divisas que deja el turismo, están por arriba de las utilidades de poderosas empresas y consorcios. Puede entenderse que algunos mexicanos sin instrucción crucen como puedan la frontera para enfrentar un destino incierto y peligroso, pero qué decir cuando se trata de millones de ellos. Esto pone en duda el espíritu democrático y liberal que parece adormecido en la mayoría de los ciudadanos y también en los hombres encargados del buen funcionamiento de las instituciones.

Desde varios decenios, la prensa, la novela, el cine y recientemente la televisión han llevado al conocimiento del gran público la suerte de los obreros agrícolas mexicanos, de los que han logrado encaramarse a un puestito de comida típica o al servicio de trabajos duros y mal remunerados.

El grueso de la población nacional ve ese fenómeno con la misma indiferencia con la que recibe las noticias de mujeres explotadas en la prostitución, el descubrimiento de fosas clandestinas, los laberintos de corrupción y la degradación cada vez mayor de una sociedad contaminada por todo tipo de excrecencias del aire que respiramos.

Extraña democracia la nuestra en la que los migrantes no cuentan como individuos, son vistos como números y con ellos las aportaciones que envían. Debiera darnos vergüenza cuando vemos el monto en los presupuestos oficiales; cuando se hace tan poco y tan deficiente para retenerlos con trabajos dignos y una vida satisfactoria; ese es el propósito de la democracia.

La nuestra es sui géneris, ya que apenas comenzamos a familiarizarnos y ya caemos en excesos. Los salarios de jueces, diputados, senadores, llegan a polarizar las conciencias por el monto y por el cinismo de sus respuestas ante la crítica de esos hallazgos celosamente cuidados. Los ritos sobreviven aunque estén vaciados de sentido y por ello en Trump hemos encontrado la fuerza del mal que nosotros hemos construido con una sociedad conformista y una dirigencia ineficiente que auspicia más y más migrantes que buscan en el extranjero lo que aquí no encuentran.

Twitter: @RaulCremoux

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