Opinión

Menos energía

    
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El subsecretario técnico de la SEyT dijo que el alto consumo energético, principalmente industrial, es una oportunidad para la inversión. (Foto cortesía)

Hemos andado muy preocupados con Donald Trump y el impacto que tendrá en Estados Unidos, y especialmente en México. También nos preocupa mucho la cuestión electoral en México y, sin duda, los dos temas que serán bandera política durante este año: corrupción e inseguridad. Gracias a ello, los temas económicos han perdido algo de atención, y sólo de vez en cuando nos acordamos de que la inflación anda en 6.0 por ciento, el crecimiento en 2.0 por ciento, y cosas por el estilo. Eso es buena señal, significa que no hay crisis.

Pero si a duras penas pensamos en la economía, menos aún en temas como la energía. Claro que entre el 'gasolinazo' y los 'huachicoleros' tenemos para andar hablando de ello, y en ánimo menos negativo, medio enterarnos de la secuencia de subastas producto de la reforma energética, que han resultado mucho mejores de lo que cualquiera esperaba.

Pero hay un tema importante en energía que creo que no debemos olvidar. Está ocurriendo una transformación muy profunda en la forma como producimos y consumimos energía en el mundo, y el efecto de ello será muy profundo. Será esencialmente algo positivo, y puede ser que muy positivo, pero no faltarán perdedores en el cambio, como siempre ocurre.

Empiezo por el consumo. Se estima que una persona, para sobrevivir, requiere de cerca de siete mil calorías diarias si vive en una zona templada. Como usted recuerda, con dos mil nos basta para alimentarnos, si no hacemos mucho. Pero una persona más o menos gasta 200 calorías adicionales por hora si realiza esfuerzo físico. Con eso somos capaces de producir trabajo equivalente a un tercio de caballo de fuerza. Durante la mayor parte de nuestra existencia como especie dependimos de nuestro propio trabajo, de quemar madera y estiércol, y del trabajo de animales. Con eso llegamos a superar la barrera de las siete mil calorías y, por ello, poblamos todo el mundo y pudimos construir ciudades con templos, palacios, carreteras y demás.

En los últimos doscientos años, cuando aprendimos a utilizar combustibles fósiles, pudimos multiplicar la energía disponible, y por eso también nosotros nos multiplicamos. En esos 200 años la población creció siete veces, y el ingreso por persona cerca de 15 veces. Y todo eso dependió de un gran crecimiento en el consumo de energía… hasta hace poco. Un poco antes de que el tema del cambio climático se hiciera popular, el consumo de energía por persona y por unidad de producto empezó a reducirse. La causa, como siempre ocurre, fue un asunto de precio. En los años setenta el costo de la energía se disparó, debido esencialmente a los conflictos en Medio Oriente. En 1978 el consumo promedio de un estadounidense era de 230 mil calorías diarias, hoy es de 190 mil. En Alemania pasaron de 126 mil a 104 mil. Pareciera poco, pero no lo es: es una reducción de 18 por ciento del consumo en 30 años, en los que el ingreso de esos países ha seguido creciendo.

Esto es muy importante, porque significa que la época en la cual crecimos con base en el consumo desaforado de combustibles llegó a su fin hace un buen rato, y aunque la población y la economía siguen creciendo, el consumo de energía lo hace más lentamente. El promedio de crecimiento de los últimos años apenas supera 1.0 por ciento. Ciertamente hay países que han crecido más que otros, y eso seguirá ocurriendo, pero el promedio mundial es ya muy estable y reducido.

Pero si por el lado del consumo las noticias son buenas, por el lado de la producción de energía son espectaculares, como espero comentar mañana con usted.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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