Opinión

Mejor pedir deuda que recaudar

El tema de la deuda subnacional y local se encuentra atorado en el Congreso con una aparente diferencia entre ambas cámaras sobre quien controla el comportamiento de la misma, lo cual me parece una discusión bizantina si no se entienden las razones del endeudamiento, las características del mismo, la responsabilidad por su crecimiento, el abanico de opciones que se les han dado por parte del Gobierno Federal, como la opacidad al ocultar conceptos de deuda como no deuda. Desconocimiento sobre la concentración del poder recaudatorio y el peso sobre las finanzas estatales de figuras como los pari passus. En suma, falta una visión integral de la situación actual de las finanzas estatales. Además del papel de los congresos locales.

Hoy las haciendas públicas de las entidades federativas están en su mayoría destrozadas, afectadas por el estancamiento de sus ingresos reales, con facultades impositivas de bajo potencial recaudatorio, con un peso creciente del gasto educativo con recursos propios, agobiados por las pari passus para tener acceso a programas federales, y dominados por un abandono de su responsabilidad fiscal, que han apostado más a la ingeniería financiera, que a la política fiscal, esto es por la deuda y no por recaudar.

Se ha dado un crecimiento extraordinario de la deuda subnacional de 160 mil millones de pesos al finalizar 2006, a más de 500 mil millones al terminar 2013. Si sumamos la deuda que se dice que no es deuda, llegamos a 533 mil millones a fines del año pasado, porque no se suman al total los compromisos financieros derivados de los Proyectos de Prestación de Servicios (PPS) y los de los bonos cupón cero del FONAREC y PROFISE, que son deuda pública, aunque se ha puesto en las leyes locales de deuda que no lo son y no lo suman.

Para dimensionar el problema se ha utilizado como referencia, además de las tasas de crecimiento, la relación de la deuda con el PIB y las participaciones, no con los ingresos totales, porque representan un porcentaje mínimo del total de ingresos de las entidades federativas, excepto en el caso del DF, que recauda más de la mitad de sus ingresos totales y reduce su relación deuda-participaciones.

La deuda total, sin PPS y bonos cupón cero, promedia el 3 por ciento del PIB, pero ya hay casos extremos y peligrosos, como Chihuahua, con el 9 por ciento; Coahuila, con el 6.8 por ciento; Chiapas, con el 7.2 por ciento, Nayarit, con el 6.1 por ciento; Quintana Roo, con el 7.5 por ciento; Veracruz, con el 5 por ciento; y Nuevo León, con el 4.6 por ciento. Rebasando algunas los niveles de otros países en crisis, como el promedio de las Comunidades Autónomas.

En relación a las participaciones, el promedio equivalente es de 90.2 por ciento; sin embargo, casos extremos como Coahuila, con 278 por ciento; Chihuahua, con 270.6 por ciento; Quintana Roo, con 262.9 por ciento; Nuevo León, con 213.8 por ciento; Veracruz, con 127.5 por ciento; Nayarit, con 118.7 por ciento; Sonora, con 107.6 por ciento; y Chiapas, con 99.4 por ciento. El DF, con 107.6 por ciento, pero en relación a sus ingresos totales es la mitad y con la suma de las obligaciones financieras que se dice no son deuda pública, crecería el indicador de otras.

Ello como resultado de la crisis de las finanzas estatales, pero también, sin generalizar, de ineficientes políticas públicas, y en muchos casos de corrupción –el endeudamiento y las reestructuras han sido un buen negocio-, de incapacidad y opacidad como ha sido notorio en Coahuila, Nayarit, Chiapas, Michoacán y Quintana Roo para mencionar lo más evidente. Por otra parte, de no revertirse la crisis fiscal difícilmente se frenará está dinámica de endeudamiento.

Correo: brunodavidpau@yahoo.com.mx