Opinión

Mejor ni le muevan

En febrero, de acuerdo con Buendía&Laredo, 40 por ciento de la población consideraba que el mayor error de Peña Nieto eran las reformas. En diciembre, en una encuesta diferente en muchos sentidos, GEA-ISA reportaba que 22 por ciento de los mexicanos consideraban alguna de las reformas como el peor error. Aunque son mediciones diferentes, hay coincidencia. Buendía&Laredo consigna que de noviembre a febrero la opinión sobre todas las reformas se hizo más negativa.

De hecho, la opinión sobre la gestión del mismo presidente entró en terreno negativo en algún momento del año pasado, y en eso coinciden las dos encuestas mencionadas y la de Consulta Mitofsky. También hay coincidencia en la dirección de la opinión acerca del principal problema del país. La disputa es entre seguridad y economía, y Buendía&Laredo reporta que la economía se considera el peor problema desde inicios de 2011, Consulta Mitofsky desde inicios de 2012, y GEA-ISA sigue registrando a la seguridad como el problema principal, pero con un margen cada vez menor desde fines de 2012.

En el detalle acerca de las reformas, Buendía&Laredo, GEA-ISA y Parametría coinciden en el orden: los mexicanos perciben como la reforma educativa como la más benéfica y a la fiscal como la más dañina. La otra reforma que registran es la energética, y las opiniones son muy divididas en ese caso. Es interesante que las mayores críticas a la reforma fiscal es que beneficiará a los empresarios y castigará a los pobres, mientras que los empresarios y profesionistas se quejan, públicamente, de que se cobrará más a quien ya paga. Hay incluso un porcentaje de personas que cree que lo peor que se ha hecho es ponerle IVA a los alimentos, algo que no ocurrió.

Una conclusión interesante de todos estos estudios de opinión es el gran alejamiento de la población respecto a las decisiones públicas. GEA-ISA reporta en diciembre que la mitad de los encuestados no sabía qué era el Pacto por México. Aparentemente, los mexicanos tienen muchas cosas más por las cuales preocuparse antes que los devaneos de los políticos. Pero no es todo lo que podemos concluir: también es claro que los impuestos no agradan (obvio) y que el tema energético es menos importante que lo fiscal.

En el conjunto, me parece que hay evidencia clara de por qué, aunque los problemas nacionales fuesen apremiantes, no había capacidad de promover soluciones: la población no las quiere. No quieren más impuestos, no perciben mejoría en ninguna de las reformas, y peor, una proporción muy elevada cree que ése ha sido el peor error presidencial. Revisando los medios, encontraremos otra causa de la posposición de decisiones: cada quién tiene una idea diferente de cómo deberían ser las reformas. Que la educativa no entra al detalle de la currícula, que la evaluación no es integral; que en telecomunicaciones no se promueve suficiente competencia, que está hecha a la medida de Televisa, o de Slim; que la fiscal recae en los mismos de siempre; que la energética no es nada hasta no ver las leyes secundarias; que ni ésas sirven, que hay que ir a la implementación.

Ah, y después de este mar de opiniones, de la lejanía de la población, y del desinterés en el cambio, la conclusión general es que los políticos son el origen del problema. Ah.