Opinión

Mehsud es alcanzado por los drones


 
El asesinato el viernes de Hakimulá Mehsud, líder del Talibán de Pakistán, pese al reciente pedido del premier Nawaz Sharif a Barack Obama para cesar los ataques con aviones teledirigidos, asesta un duro golpe a las pláticas de paz en ese país y el vecino Afganistán, de donde Estados Unidos quiere retirarse en 2014 bajo sus propias condiciones.
 
Sharif, quien basó su campaña electoral este año para regresar al poder con la promesa de frenar los bombardeos de los drones de la CIA, que han liquidado a miles de civiles inocentes, expresó ayer su deseo de que las negociaciones no se rompan tras el homicidio de Mehsud, pero el fin de semana su ministro del Interior, Chaudhry Nisar Alí Jan, subrayó que “no es sólo la muerte de una persona, es la muerte de todos los esfuerzos de paz”, a menos de que Islamabad siga aplaudiendo ––y solicitando–– en privado las acciones de Washington que condena en público.
 
 
El sábado se esperaba el arribo de una delegación gubernamental a Miranshá, capital de la zona tribal autónoma de Waziristán del Norte, para dialogar con Mehsud, aniquilado con misiles antitanque por un drone cuando entraba a bordo de su vehículo, acompañado de cuatro personas, a la granja donde se ocultaba en el pueblo de Dandey Darpajel. Una propiedad, por cierto, de 120 mil dólares con pisos de marmol, jardines y un minarete cerca de un cuartel, lo que recuerda que Osama bin Laden pereció escondido en las afueras de una academia militar en Abbottabad, también en Pakistán.
 
 
Repudio
 
 
La muerte de Mehsud fue repudiada asimismo por Hamid Karzai, el presidente afgano instalado por EU en Kabul que ha tratado de buscar por su lado una solución a la lucha, conciente de que su régimen, fraudulento y narcotraficante, no tiene esperanzas si Obama retira al grueso de sus fuerzas el próximo año. La Casa Blanca también ha intentado negociar con los rebeldes, pero se niegaa discutir una salida militar total.
 
 
De cualquier forma, el caso ahondará la desconfianza mutua entre Islamabad y Estados Unidos. Documentos aportados a The Washington Post por Edward Snowden indican que existe una creciente preocupación por el arsenal atómico, químico y biológico de Pakistán ––como en 2001, tras los atentados suicidas lanzados por Bin Laden–– y el riesgo de que caiga en manos de radicales infiltrados en las fuerzas armadas.
 
 
No obstante la asignación de más de 22 mil millones de dólares al aparato de espionaje este año para las áreas responsables de Pakistán, explican, se desconocen los controles de las 120 ojivas atómicas del país asiático, cuyo número y sofisticación va en aumento.