Opinión

¿Medir insumos o resultados?

 
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Escuela. (Cuartoscuro)

Hoy miércoles termina la conferencia What Works que este año tuvo lugar en Reikjavik, Islandia. El evento se distingue porque más que hablar de los datos económicos tradicionales, como el PIB, la creación de empleos, la informalidad o la inflación, se enfoca en los resultados.

La iniciativa que desarrolló el índice SPI (Social Progress Index) reconoce la importancia de mediciones como el PIB o el PIB per cápita, pero considera que estas medidas no capturan el progreso social.

Diversas instituciones, como Brookings, señalan que la pobreza disminuyó 30 por ciento a nivel global entre 2005 y 2010, pero en ese proceso y en la respectiva transición hacia un mayor ingreso, el progreso no ha sido uniforme.

Pero, ¿qué es el progreso social?, ¿cómo se define?, ¿cómo se mide? De acuerdo al SPI, “el progreso social es la capacidad de una sociedad de satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos, establecer las bases que le permitan a las personas y a las comunidades mejorar y mantener su calidad de vida, y crear las condiciones para que todos los individuos alcancen su potencial”.

Para medirlo se usan 53 indicadores agrupados en tres áreas: necesidades humanas básicas, fundamentos de bienestar y oportunidades. Mide aspectos como acceso a electricidad, tasa de homicidios, tasa de mortalidad materna, tasa de mortalidad infantil, usuarios de internet, suscriptores a telefonía móvil, tasa de obesidad, derechos de propiedad, corrupción, educación en todos sus niveles, entre muchos otros.

Se miden resultados, no insumos. Algunos datos para México: México tiene un índice de progreso social de 70.02, ocupando el lugar 52 de 133. De las tres áreas mencionadas, se encuentra peor en las relacionadas con necesidades humanas básicas, en las que está en el lugar 71. Lo que nos baja significativamente la calificación en este rubro son los indicadores de seguridad personal. En las áreas de bienestar y oportunidades ocupamos los lugares 57 y 42, respectivamente.

Podríamos compararnos con otras economías, desde luego. Finlandia ocupa el primer lugar en este índice, Canadá el segundo y Estados Unidos el decimonoveno. Pero considero que una de las ventajas de este índice, a diferencia de otros, es que la comparación no es necesaria. Al identificar de forma específica las necesidades que hay que resolver para cada indicador de progreso, el avance se podrá dar independientemente de la comparación. Quizá lo más interesante es que puede desarrollarse a nivel estatal e incluso a nivel municipal. La gran parte de la información que se usa para la construcción del índice es pública, tal vez de difícil acceso, pero pública al fin.

En México todavía no se calcula el SPI de los estados, mucho menos el de los municipios. Hay mucha información que hoy generan instituciones, en particular el Inegi, a la que no se le da el suficiente uso. Con la construcción subnacional del índice sabríamos exactamente qué falta y en dónde falta. Las políticas públicas podrían estar mejor enfocadas. No únicamente las políticas públicas podrían ser más eficientes, los proyectos de inversión privada contarían con más información pertinente a la región en la que desean invertir y podrían tener un mayor impacto social.

En la medición de la pobreza —también en la educación— los indicadores más importantes están en los resultados. Veamos algunos números. De 2002 a la fecha se han gastado más de 786 mil millones de pesos en subsidios y transferencias sociales. Recordemos que en México la pobreza se mide de forma multidimensional. Se es pobre, de acuerdo a la definición de Coneval, si se tiene un ingreso por debajo de una línea de bienestar y se tiene al menos una carencia social (rezago educativo, acceso a los servicios de salud, seguridad social, carencia en la calidad y los servicios de vivienda y carencia alimentaria).

En 2010 gastamos más de 60 mil millones de pesos en ese rubro. La pobreza fue 46.1 por ciento de la población. En 2012, más de 70 mil millones. La pobreza ese año fue 45.5 por ciento. En 2014, a pesar de dedicarle más de 77 mil millones de pesos al tema, la pobreza alcanzó 46.2. Algunas carencias han disminuido, pero con estos números es claro que el uso que hacemos de estos recursos es ineficiente (siendo amables). ¿De qué están sirviendo los cinco mil 491 programas sociales que existen?

La información es poder. Pero sólo da poder a quien la tiene y a quien la sabe usar. Si queremos mejores resultados para disminuir el rezago de una parte importante de la población, tenemos que reconocer que más dinero o más programas no han funcionado. Hay que ver más allá.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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