Opinión

Medio Oriente puede descarrilar la recuperación

El físico Lawrence Krauss, autor del libro “Un universo de la nada”, dice que así como fue posible la creación de todo a partir de nada, también se puede obtener nada de algo, como trágicamente ocurrió un par de veces en la historia de la humanidad. En la era medieval el dogma religioso borró los enormes avances ilustrados de los griegos, y en el siglo XI el mundo árabe, epicentro del avance de la cultura y las matemáticas, sucumbió ante el fundamentalismo islámico. Dice que ahora corremos un riesgo similar, ante retos demográficos, climáticos, energéticos y educativos (incluyendo la urgente necesidad de educar a las mujeres en todas las culturas) que enfrenta la humanidad.

Por eso es muy importante lo que ocurre en Irak con el ataque de ISIS (siglas en inglés del Estado Islámico de Irak y Siria), surgido de Al Qaeda y posteriormente rechazado por ellos, debido a su excesiva violencia y extremismo. Este grupo busca implantar un califato islámico que vaya de Siria a Irak, en el cual impere la ley sharía, que establece amputación para quien roba, flagelar a quien apuesta, consume alcohol o fornica fuera de matrimonio (muerte a pedradas para mujeres adúlteras), ejecución de homosexuales, el derecho del marido de golpear a su mujer (opresión general del género femenino), venganza directa (ojo por ojo), etcétera.

Esta ley ya impera en los territorios ocupados por ISIS, un territorio mayor a toda Jordania, en su avance hacia Bagdad. Además, el sultán de Brunei la implantó recientemente en su país, pese a las fuertes protestas del alto comisionado de Derechos Humanos de la ONU.
En Medio Oriente presenciamos el capítulo posterior a la caída de dictaduras seculares apoyadas por potencias europeas durante décadas, que en muchos casos rigieron sobre países carentes de identidad nacional delimitados por Inglaterra y Francia. Ante el sorpresivo y alarmante surgimiento de ISIS, al mundo se le ha olvidado de la crisis de Ucrania, de la enemistad de Irán con Israel, y del gradual desmoronamiento de la prometedora Primavera Árabe. Hay resignación, incluso, ante el surgimiento de una nueva dictadura militar egipcia, casi deseable por ser secular, como lo es la de Argelia.

Después de la absurda y fallida intervención militar en Irak (y Afganistán), erróneamente apoyada por publicaciones prestigiosas como la revista Economist inglesa, quedó claro que no se puede implantar democracia por la fuerza. Siria e Irak son claro ejemplo del profundo deterioro social y político generado durante décadas de minorías sometiendo brutalmente a mayorías. Al Qaeda, ISIS y Jesbolá son producto de la oposición explosiva y extrema que se engendra y alimenta después de años de represión y abuso.

Como dijo Fareed Zakaria en el Washington Post, la presencia de tropas estadounidenses en la zona fracasó en el intento de construir identidad nacional. En un proceso similar al que vivió Europa del este
Medio Oriente puede descarrilar la recuperación –Polonia, Checoslovaquia– en la primera mitad del siglo pasado, las naciones de la región pasarán de ser multiétnicas a monoétnicas. Irak y Siria se dividirán, pero sería peligroso que se empodere a grupos ultra extremos como ISIS, que no sólo se hizo de 400 millones de dólares (más una cantidad importante de oro) al saquear reservas del banco central en Mosul, sino que además reciben financiamiento de sunitas de Arabia Saudita y los Emiratos, que apoyarán a quien se oponga a la influencia de Irán en la zona.

Hay entre 3 mil y 5 mil islamistas con pasaportes occidentales
–principalmente británicos y australianos, e incluso estadounidenses–que pelean en Siria contra el régimen dictatorial chiita de Assad quien, en un maquiavelismo atroz, liberó a los más extremos yijadistas de cárceles sirias, asumiendo correctamente que eso imposibilitaría el apoyo estadounidense a la insurrección sunita.

Este conflicto regional puede crear inestabilidad en Jordania y Líbano, y ser una amenaza real para Occidente si ISIS toma Bagdad y se sigue haciendo de recursos económicos que les permitirían financiar ataques terroristas en capitales europeas o ciudades estadounidenses. El envío de 300 asesores militares de Estados Unidos, claramente reminiscente del que hizo Kennedy a Saigón, podría ser el preámbulo de una nueva incursión militar a regañadientes, si la seguridad estadounidense se ve comprometida por un ataque terrorista.

Económicamente, un evento así no podría ser más inoportuno. Puede contribuir a descarrilar la tenue recuperación económica estadounidense, o ser la gota que derrame el vaso de la frágil economía europea, que no podría soportar un incremento en precios de energéticos o interrupción de la oferta de éstos, si se expande el conflicto en la región.

Hay mucho de qué preocuparse. Éste no es un desafío más de un grupito extremo, es una amenaza que epitomiza décadas de políticas y acciones equivocadas de Occidente intentando lidiar con una región naturalmente complicada.

Twitter: @jorgesuarezv