Opinión

Medidas extremas

10 febrero 2014 4:59 Última actualización 28 agosto 2013 15:48

 
Mario Rodarte
 
En el vecino país del norte está a todo lo que da la discusión sobre quién podrá ocupar la silla que dejará vacante el Sr. Bernanke, ahora que se dice se vence su segundo periodo y no irá por un tercero. Aquí lo importante no es quién puede ocupar la silla, porque de poder cualquiera puede, sino de ver quién podría hacer el mejor papel, en conducir la política monetaria de la economía más grande del mundo. Como casi siempre sucede hay quienes se cargan hacia los candidatos con trayectoria académica más destacada y quienes opinan que debe ser alguien con mucho sentido común, fundamentos teóricos sólidos y alguna experiencia práctica en el sistema financiero, que como nos ha demostrado antes, puede dar muchas sorpresas desagradables cuando se ignoran ciertos eventos, o simplemente se les minimiza, como fue el caso del crecimiento desbordado de los bonos respaldados por hipotecas, que terminaron poniendo al borde de la quiebra a muchos y cuyos efectos no terminamos de digerir.
 
La discusión ha tomado algunos caminos insospechados, como la introducción de ciertos comentarios misóginos y una actitud de plano discriminatoria de parte de algunos medios y comentaristas, quienes han hecho comentarios en contra de una integrante de la junta de la FED a quien se le otorgan fuertes posibilidades, ya que al parecer goza de la confianza del presidente Obama. Otra de las rutas de la discusión ha iniciado por denostar el papel de la economía para resolver ciertos problemas, ya que, dicen los comentaristas, la economía no es una ciencia, desde el momento en que no es posible saber con precisión cual será el resultado de una determinada acción de política económica. Empiezan por la vieja actitud de desacreditar a la economía por el uso de supuestos, acción que ha sido superada en años recientes, así como las limitaciones para trabajar en modelos lineales, ecuaciones diferenciales de primer orden, o sistemas dinámicos muy rupestres, aunque quizá lo más destacado es el uso de la famosa condición Ceteris Paribus, que no es otra cosa que analizar como se comporta una variable, manteniendo todo lo demás constante. Esto y la imposibilidad de experimentar en la economía, como se hace en la física, son tomados como evidencia fehaciente de que la economía no es una ciencia.
 
Independientemente de la decisión que se tome en el vecino país, que terminará afectándonos a todos, para bien, o para mal, en México estamos viviendo una situación difícil, que se complica con el paso del tiempo y en apariencia nos está metiendo en un callejón sin salida. La desaceleración de la actividad económica se veía venir desde finales del año pasado, en la forma de una sensible baja en la tasa de crecimiento de las exportaciones, aunque la gran mayoría prefirió ignorar las señales, como la persistencia de la recesión en Europa, la baja del crecimiento en China y las economías emergentes y cómo esto iba a impactar a la economía de Estados Unidos, que enfrentaba, como si fuera poco lo anterior, el impacto del famoso secuestro fiscal, producto de la incapacidad de llegar a un acuerdo sobre el déficit entre republicanos y demócratas.
 
Se planteó un presupuesto como cualquier otro, con crecimiento del gasto en términos reales, cuyo sostenimiento estaba basado en el petróleo, cuyo precio incluso se elevó en las últimas negociaciones, para que el monto de ingresos alcanzara a cobijar los pequeños caprichos y promesas de algún diputado con el poder suficiente para atraer votos a favor del proyecto presentado. Se plantea cero déficit y se confía, quizá en exceso, en las buenas vibras que generarán los comentarios positivos de la economía mexicana y sus prospectos, como el aparecido en la prestigiada revista británica que incluso acuñó el término de “El Momento Mexicano”, así como en las expectativas positivas de la buena recepción del Pacto por México, que abría la ruta para aprobar reformas estructurales de gran calado, en gran escala. Ignoramos cosas como la mezquindad del político mexicano y la pésima actitud de los partidos políticos, que responden más a los intereses de sus líderes que a los de sus representados.
 
Ahora estamos casi atorados, con reformas a medias, otras en camino, pero sin un flujo de inversión suficientemente amplio para mantener la generación de empleos, aunque fuera a la tasa que presumió tanto la anterior administración. Se reformaron, para bien, las reglas de construcción de vivienda en el país y se ha cerrado la llave del gasto público, conforme llegan más noticias de que nuestras exportaciones siguen sin repuntar y la recaudación sufre para poder respaldar el crecimiento esperado en los ingresos, necesario para sostener el gasto público. La actividad de construcción está deprimida, la baja en los precios internacionales de minerales han deprimido a la minería y sus exportaciones y afortunadamente ya llovió, de otra forma estaríamos viendo a las huestes de campesinos apoyar a sus compadres los maestros, pidiendo se les tome en cuenta en las soluciones.
 
¿Qué hacer? La verdad es muy poco lo que se puede, porque no hay margen de maniobra, ni fiscal, ni monetario y aunque la inflación se mantiene baja, esto es más resultado de una demanda agregada deprimida, que de una situación estructural de largo plazo. Mover la tasa de referencia del banco central haría muy poco por la situación interna y si podría complicar la situación del tipo de cambio. Ahora que están de moda las redes sociales, igual hay que preguntar si alguien conoce algún buen brujo.