Opinión

Medicina defensiva

10 febrero 2014 4:25 Última actualización 24 marzo 2014 21:26


 

 

En este instante una criatura está naciendo en México. Si bien le va, vivirá menos de 74 años –su expectativa de vida al nacer–, ya que el país ocupa el lugar 72 en el mundo en la ausencia del debido cuidado del gobierno en la salud pública y privada. Ese pequeño, desde ahora, se enfrentará a lo siguiente:
 

Sufrirá la creciente codicia de los administradores de hospitales en donde el poder de los médicos es alto, lo cual conlleva una escasa supervisión de lo que hacen y cobran, vigilancia relativa sobre diagnósticos y tratamientos y manga ancha en relación al creciente número de estudios innecesarios en equipos caros y tecnológicamente avanzados. El lema médico ya no es, “suministrar al paciente un cuidado compasivo”.
 

Más preocupantes son los servicios médicos en los hospitales públicos donde se recibe mala atención por el desabasto de medicinas y material de curación y la falta de médicos.
 

A partir de 2008 fue creciendo en EU la conciencia del “too much treatment”. Tratamientos más agresivos, más costosos y más despiadados son generadores de mayor dolor e incomodidad para el paciente, con relativa o poca ganancia en su salud.
 

La corrupción y la impunidad diacrónicas del país y la ausencia de justicia para las víctimas de negligencias y errores médicos, convirtió a la medicina en un negocio lucrativo, en lugar de una pasión generosa.
 

Un profesor de asignatura, con maestría gana en la UNAM 2 mil pesos mensuales por 16 horas de clase al mes, transporte a CU y preparación de clases, un médico especialista (el profesor de asignatura también lo es), cobra mil 200 pesos por una consulta de 20 minutos. Menor tiempo, menos atención, más dinero.
 

En el programa televisivo de EU, “Enigmas médicos”, mencionan que “no existen los malos pacientes, sino los malos médicos”. Y si el paciente manifiesta, en una explosión de desesperación su disgusto e inconformidad por diagnósticos equivocados y tratamientos onerosos y dolorosos, el médico le ordenará a la enfermera que le suministre “un calmante, ya que está muy nerviosito”. Si hay “malos pacientes” es porque hay médicos sin moral, quienes tratan a la enfermedad, no al paciente. Menos a la persona.
 

Peor si el paciente es un anciano, lo tratan configurando y suponiendo un sinfín de enfermedades “justificables” en su edad, aplicándole tranquilizantes para mantenerlo tranquilo. (Narro experiencias vividas, no elucubraciones).
 

Aquellos tiempos en los que había dignidad y compasión para los pacientes, paz mental y tranquilidad para los familiares y soluciones de salud sencillas, ya no existen. Se ha perdido porque a los médicos les da asco el valor terapéutico de “tocar” al paciente. Es muy común ver a los médicos pararse a varios metros de la cama y preguntar desde la puerta: “¿Todo va bien?”
 

Por ello, ante la conducta médica por salvar su pellejo, los médicos aplican la medicina defensiva. El 20 por ciento de los scanners y placas ordenados por cirujanos ortopédicos en un hospital de Pennsylvania, fueron recetados para protegerse contra una demanda, elevándose 35 por ciento el costo por la medicina defensiva.
 

Varios investigadores de la Pennsylvania Orthopaedic Society encontraron que los médicos ordenan más estudios por “defensive purposes”. El 70 por ciento fueron Rayos X convencionales. (En los hospitales los médicos substraen al menos el 15 por ciento de las placas, lo cual es ilegal. A mí me lo hicieron varias veces).
 

En EU, en los estados con mayor número de demandas médicas se incrementan los procedimientos de medicina defensiva, además de los tratamientos recetados por intereses financieros.