Opinión

Mediación: el siguiente gran paso

31 mayo 2017 5:0
 
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justicia

Hace tres años, al celebrarse el aniversario número 10 de la introducción formal de la mediación certificada como medio alternativo de solución de controversias en nuestra ley, comentábamos sobre el hecho de la rápida ruta que ésta habría seguido para alcanzar carta de naturalización en nuestro sistema normativo. Así como ciertos cambios legislativos trascendentales, como la Constitución de la Ciudad de México o el sistema oral adversarial son motivo de toda clase de objeciones y rechazos, la mediación ha sido asimilada sin resistencias.

Es cierto que para los litigantes de juicios civiles y mercantiles la figura de inicio representó una instancia ajena a la orientación confrontativa de una formación académica que desatendía esta clase de alternativas.

Sin embargo, con el paso de los años, y de los casos, los abogados hemos podido comprobar la alta efectividad para nuestros clientes en la búsqueda de soluciones con costos reducidos y tiempos abreviados, y lo hemos incorporado al menú de las estrategias para resolver toda clase de casos, incluyendo los más complejos y los más sensibles.

Entre los múltiples avances de la mediación en los últimos años se debe señalar la reforma de 2008 que le dotó de fundamento constitucional, así como la puesta en práctica en todo el país del nuevo sistema penal, el cual favorece plenamente este tipo de mecanismos alternativos para solución de controversias. Finalmente, la tercera noticia positiva es la formación de una notable plataforma de mediadores certificados que dotan al sistema de opciones tanto a nivel público como privado. No es raro que los “centros de justicia alternativa” que se han creado en los estados estén saturados de solicitudes de mediación y que todos estén abocados a la formación de profesionistas especializados en esta disciplina.

El gran reto, ahora, es la inclusión de la mediación en diversas leyes que no la contemplan y cuyas virtudes y flexibilidad permitirían agregar una herramienta poderosa para mitigar las fallas judiciales y la burocracia del sector, dotando a los particulares de opciones novedosas. De hecho, en materias de corte administrativo como la fiscal y la propiedad intelectual, la mediación puede proveer de instrumentos que liberen de la enorme presión que la sobrecarga de trabajo imprime en los tribunales desde hace por lo menos dos décadas. La experiencia en otros países demuestra contundentemente los beneficios que aporta la inclusión de la mediación en la cultura de la sociedad, como un recurso intrínseco de las relaciones humanas.

De hecho, por las características de la mediación, orientadas a privilegiar las soluciones antes que la razón, la figura está llamada a reconciliar a los justiciados con el sistema legal en su conjunto, y puede ser un camino para devolver a jueces y abogados algo de la credibilidad perdida a lo largo de muchos años de prácticas cuestionables. Y ese efecto no es menor.

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