Opinión

¡Me gustan l@s “viej@s”!

10 febrero 2014 4:20 Última actualización 31 octubre 2013 5:2

 
María de los Ángeles Mascott Sánchez
 
“Uco” ¡te la debía!

Gracias ERS.
 
Me gustan l@s “viej@s”. Mucho. Desde siempre.
 
Quizá porque la vida -y muchas vidas- está(n) en sus ojos.
 
O porque cada día envejezco.
 
A lo mejor porque quiero vivir unos años más.
 
Tal vez sea porque nací con alma nostálgica. En el mundo hoy viven 700 millones de personas mayores de 60 años (ONU, 2013). Se calcula que en 2050 serán el doble de los niños: habrá 2 mil millones de personas mayores de 60, y sumarán 20 por ciento de la población.
 
En nuestro país, de acuerdo con Inegi, cerca de 11 millones de personas, o 9 por ciento del total, son mayores de 60 años. Y según las proyecciones, en 2050 serán la cuarta parte del total.
 
En este momento 43 de cada cien adultos mayores en México viven en pobreza (INEGI). Ocho de cada diez son vulnerables, ya sea por su condición social o por su ingreso. Tres de cada diez no tienen acceso a servicios médicos; 20 por ciento son discapacitad@s. Tres de cada diez no saben leer ni escribir un recado. Doce de cada cien sufren depresión crónica (Instituto Nacional de Geriatría).
 
Uno de cada diez tiene hambre.
 
La violencia es, junto con el dolor físico y psicológico, lo que aniquila.
 
En México al menos 35 de cada 100 adultos mayores (los que lo aceptan) han sido objeto de maltrato (Sedesol-Conapred, 2004).
 
La violencia contra los adultos mayores incluye negligencia, ultraje físico, agravios psicológicos, abuso sexual, abandono y desvalorización. Negligentes somos al negar (o ignorarla necesidad de) alimentos, cuidados físicos e higiénicos, vivienda y atención en salud. También cuando falta afecto y predomina el aislamiento. Hay maltrato físico con quemaduras, golpes, moretones, jalones y la muy común (¡tan arbitraria!) administración de fármacos. Se violenta la psique (¡el alma!) de los adultos mayores cada vez que se les humilla, manipula, amenaza o chantajea.
 
Y sí, aunque cueste trabajo aceptarlo, algunos sufren abuso sexual.
 
Lo más común es el abandono: los hemos convertido en ciudadanos “de segunda”. Se les excluye de las actividades familiares, de la convivencia comunitaria, de las actividades productivas, del derecho al trabajo. Y a menudo enfrentan discriminación.
 
La semana pasada la Cámara de Diputados aprobó la pensión universal para los adultos mayores de 65 años, que tendrá que analizar el Senado de la República. De aprobarse, entraría en vigor en 2014. Esta -parcial- seguridad económica contribuiría a la vida en condiciones de dignidad. Pero el mayor reto somos nosotros y nuestra idea sobre “l@s viej@s”.
 
Hace unos días, tres parejas mayores de 70 llegaron al lugar donde comía: ellas, radiantes; flores en el cabello, bordados en sus vestidos, sonrisas al por mayor. Ellos, galantes, elegantes y orgullosos. Celebraban los premios que obtuvieron en un concurso de baile “de la tercera edad”. ¡Qué alegría tan genuina, tan contagiosa!
 
Habría que aprender a gozar la belleza de la vejez.
 
No sé si cumpliré 60. Si sucede, espero que en mi memoria siempre esté la dulce caricia de mi padre cuando me llama “vieja”. Y de mi abuelo, que decidió educar su hermosa voz para cantar ópera después de los 60. De la tía tatarabuela que viajó “hasta el fin del mundo” a los 70. De la pluma de mi bisabuelo quien, con más de siete décadas, seguía escribiendo poemas candentes para su esposa muerta 40 años atrás. De mis abuelas, tan erguidas en su longevidad. Y de la tía abuela Carmen que, arriba de los 80, temblaba al hablar del “charro negro”, su frustrado amor.
 
De ti, madre: sinónimo de vida.