Opinión

McCarthy, el oleoducto gigante Keystone y el calentamiento global


 
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nominó el 4 de marzo como administradora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), a Gina McCarthy, una funcionaria con fama de activismo ecológico, para mejorar sus decepcionantes resultados en el área, mientras el calentamiento global amenaza con provocar pérdidas millonarias para el gobierno federal.
 
Aunque el impulso a la energía limpia fue uno de los ganchos de Obama en 2008, la debacle económica y la enconada oposición del lobby de los combustibles fósiles muy pronto se encargaron de abortar sus planes, tanto en la cumbre de Naciones Unidas sobre cambio climático en Copenhague (2009), como en el endurecimiento de las leyes contra la infición atmosférica que propuso Lisa P. Jackson, titular de la EPA hasta febrero.
 
A Jackson las transnacionales de los energéticos y de las manufacturas contaminantes prácticamente la satanizaron, acusándola de 'matar fuentes de trabajo' y de retrasar la recuperación; en su lugar entrará ahora, si aprueba el escrutinio del Senado, una mujer comprometida pero pragmática y con dotes negociadoras, que se desempeñó bien en los gobiernos republicanos de Massachusetts (entonces encabezado por Mitt Romney) y de Connecticut, cuya tarea será enorme.
 
Por principio de cuentas, cabe destacar el informe que este mes presentó la Oficina General de la Contraloría, advirtiendo que Washington está mal preparado, por falta de 'un enfoque mucho más estratégico y centralizado' -e incluso de satélites meteorológicos-, ante el aumento de las catástrofes naturales que generará el cambio climático, destruyendo cosechas e infraestructura.
 
McCarthy, exadministradora asistente de la Oficina de Aire y Radiación de la EPA, tendrá además que demostrar que en su segundo gobierno Obama va en serio frente al fenómeno planetario. Y ahí es donde empiezan las dudas, pues en los hechos muy poco se hace para sustituir al petróleo y el gas, en especial cuando su extracción mediante la nueva técnica de fractura hidráulica propició un auge en el mismo EU, que sueña con la 'independencia energética'.
 
También este mes, el Departamento de Estado aseguró que no hay riesgos ecológicos por la construcción del oleoducto Keystone XL, que llevaría cientos de miles de barriles de crudo bituminoso de Canadá a las refinerías de la costa texana. Obama frenó temporalmente la obra en 2012 antes de las elecciones presidenciales, al argumentar que representaba un peligro para los acuíferos y los pastizales de Nebraska.