Sin deporte no hay democracia
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Sin deporte no hay democracia

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Sin deporte no hay democracia

03/04/2018

El desprecio de la clase política mexicana por el deporte debiera ser, cuando menos, inadmisible. Todas las sociedades que han transitado exitosamente a la democracia, a la división de poderes y a una eficiente distribución del ingreso han encontrado en el deporte una herramienta efectiva para promover los valores básicos de una convivencia más igualitaria.

La práctica deportiva reconoce la igualdad de los competidores, el respeto a las reglas del juego y a los árbitros de las contiendas; fomenta la disciplina, la ética (ese hábito del que habló Hannah Arendt) y el respeto por el cuerpo y la mente; por si fuera poco, propicia la colectividad, el objetivo común y la solidaridad. Los gobiernos responsables han encontrado en el deporte un vehículo fundamental para mejorar la salud emocional, espiritual y física de sus sociedades. Los gobiernos mexicanos, del partido y del nivel que sea (municipal, estatal y federal) han sido groseros con esa elemental exigencia de los ciudadanos, cuyo anhelo último y principal es la felicidad, con lo abstracto y discutible que pueda resultar el término.

Los cuatro candidatos a la presidencia de la República para el periodo 2018-2024 continúan la tradición de los anteriores aspirantes: el deporte no aparece en sus plataformas, salvo como lamentable metáfora. Andrés Manuel López Obrador dijo que aunque no parezca “sigo bateando por arriba de .300 de porcentaje”. No quedó en claro a cual cancha se refería.

Enrique Peña Nieto dejó en manos de un hombre ajeno al deporte a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte. Los resultados, según el Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico del INEGI, son lastimosos: 6 de cada 10 mexicanos de 18 años o más (de 32 ciudades de más de 100 mil habitantes) no practican ninguna actividad deportiva; menos de 4 mujeres de cada 10 dice practicar algún tipo de ejercicio y, algo peor: los deportistas dedican menos de cinco horas y media a la semana a sus –ay- entrenamientos. Menos de lo que se desgastan en ver televisión o en atender su aparatos móviles.

En país en el que los jóvenes no tienen empleo, educación y acceso a sistemas de salud, el deporte debería ser un campo de aliento para mejorar sus expectativas de vida. Pero los candidatos, está claro, no pretenden dar forma a un nuevo proyecto de nación en el que sea mayor el bienestar social; buscan votos, impactos, likes, en una sociedad obesa, diabética y sedentaria. Dice el estudio que los no deportistas (63%) alegaron su apatía por estas razones: falta de tiempo, cansancio por el trabajo y... por problemas de salud. Aquí, el vicio vence a la virtud.

No falta mucho para que la Selección Nacional –esa recurrencia del fracaso- se agregue a los tuits de los candidatos: nos ponemos la verde en el Mundial. Sólo en lo abstracto, en la cháchara, el deporte jugará el triste papel de la euforia frustrada. Claro: “no era penal...”

Es una pena.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.