La boina y el último otoño
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La boina y el último otoño

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La boina y el último otoño

11/09/2018

Desde aquel día, Chile está divido. Todavía anteayer la Corte Suprema se debatía sobre el futuro jurídico de siete presuntos violadores de los derechos humanos durante el gobierno de Augusto Pinochet. El enfrentamiento entre la izquierda del legislativo y el judicial conservador deja en claro que lo que pasó en aquel 11 de septiembre de 1973 no ha terminado. El asalto al Palacio de la Moneda y la muerte de Salvador Allende sigue siendo una frontera entre dos tipos de chilenos. La herida ya no sangra, pero está lejos de ser cicatriz, el síntoma prevalece.

En Augusto Pinochet, los archivos secretos (libro de dolorosa y perturbadora lectura), Peter Kornbluh ventila más de 24 mil documentos desclasificados sobre la cobertura del gobierno de los Estados Unidos en el golpe militar y en la ayuda prestada por Richard Nixon y Henry Kissinger al gobierno nacido hace 45 años, el cual fue acusado –también lo documenta Kornbluh– de una brutal represión contra la disidencia y organizaciones de izquierda.

La obra da a conocer, paso a paso, el miedo y la preocupación que produjo en la Casa Blanca la llegada de Allende al poder en Chile. Desde entonces, los funcionarios de inteligencia estadounidense se encargaron de encontrar las herramientas necesarias para que no fuera elegido como presidente y, luego, para que su administración fracasara rotundamente. El Pentágono estuvo enterado de los planes de Pinochet de encabezar un levantamiento de las fuerzas armadas contra el mandatario elegido democráticamente.

También de la ola de terror que sembraron en todo el territorio del país grupos militares, policiacos y civiles contra los defensores y partidarios del derrocado Allende.

El libro documenta, con grotesco detalle, los modos y los lugares en los que los prisioneros fueron torturados para revelar claves, nombres y estrategias de los “enemigos del nuevo régimen”. Además, cómo fueron buscados los exiliados chilenos en el Paraguay, en la Argentina y el Uruguay. En un capítulo desgarrador detalla cómo nació la Operación Cóndor en la que las dictaduras lograron aprehender y asesinar a cuánto “desobediente” aparecía en las listas de los informes de inteligencia de los gobiernos sudamericanos (inlcuido Brasil) y cuyos detalles eran perfectamente conocidos por la CIA.

Kornbluh relata dos homicidios simbólicos (de entre los miles) del régimen de Pinochet: el del general Carlos Pratts, asesinado junto a su esposa en Buenos Aires en septiembre de 1974, y el de Orlando Letelier, producido en Washington DC, también en septiembre (21) de 1976. La división chilena, que hoy se demuestra entre el poder legislativo y el judicial, se puede trasladar a las calles, a los quioscos, a opinión pública.

Chile no ha sido el mismo desde aquél día.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.