Urgente cambiar hacia Cultura de Consumo Legal en el país
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Urgente cambiar hacia Cultura de Consumo Legal en el país

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Urgente cambiar hacia Cultura de Consumo Legal en el país

05/09/2018
Actualización 05/09/2018 - 15:13

Hay dos datos interesantes para rescatar del reporte del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, sobre el número de productos falsificados que en los últimos cinco años han sido asegurados. El primero, que de los más de 18 millones de mercancías apócrifas, el 95 por ciento han sido aseguradas en las aduanas; el segundo, que ocho de cada 10 consumidores en nuestro país adquieren o han adquirido piratería.

Con relación a la primera información, es clara la ratificación de que los esfuerzos de control de los mercados de productos ilegales se han trasladado a las aduanas, partiendo de la estimación de que al menos la mitad de la piratería ingresa del extranjero, particularmente de Asia. El argumento central para esta estrategia, es que resulta de mayor eficacia mejorar los controles que permiten la fiscalización en un punto donde el total de mercancía está bajo la supervisión de las autoridades y en cargamentos completos, que estar persiguiendo lotes de productos ilegales una vez introducidos en los circuitos comerciales del país. Esa estrategia es correcta y sólo habrá que sofisticarla para impedir abusos en la importación de mercancía genuina, bajo la permisible figura de la importación paralela.

Es el segundo elemento el que debe movernos a la reflexión y el cambio. Así como en el mercado de las drogas se ha construido el postulado de que ningún control sancionador será exitoso si no disminuye la demanda de los consumidores, en la piratería parece replicarse la hipótesis. Pasan los años, y no parece transformarse la disposición del mercado a aceptar como parte de su normalidad la presencia de productos robados, falsificados, adulterados o contrabandeados que, para su manufactura, importación, almacenaje, distribución y venta, requieren de una vasta red de eslabones y recursos. En esa larga cadena, es el consumidor el que detona su existencia a través de la compra, sin que campañas antipiratería parezcan aumentar un ápice nuestro nivel de conciencia.

Esta preocupante realidad es parte de dos de los reclamos expresados como asuntos de necesaria reforma futura, consecuencia de la firma del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, que ha dirigido sus requerimientos hacia el fortalecimiento de las medidas de fiscalización en frontera, y a la urgente mejora de los niveles de observancia de los derechos de Propiedad Intelectual, tanto en el comercio tradicional como en el digital.

Al final, en el saldo que obtenemos de las estadísticas reportadas, lo que subyace es la certeza de la descomposición que produce esta creencia compartida de transgresión tolerada a estas formas de propiedad. Cuando en estos niveles bajos de intercambio social se gesta la dilución del Estado de derecho, la percepción parece alojarse en otros reductos de la conducta en los que la ley, la autoridad, el derecho del otro y la convivencia basada en estos límites pierde eficacia y se imprime una insana sensación de impunidad. Es tiempo de ir más allá de las campañas publicitarias y de los decomisos, y hacer esfuerzos denodados por reconstruir el Estado de derecho en la extensa urdimbre de la cotidianeidad.

mjalife@jcip.mx

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.