Piratería; un tema secundario
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Piratería; un tema secundario

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Piratería; un tema secundario

25/10/2017
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Piratería
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Hubo un tiempo en el que el combate a la piratería era frontal, y se percibía de parte de las autoridades un compromiso evidente para desterrar de nuestra cultura de consumo este continuado mecanismo de robo de baja intensidad. Hubo un tiempo en el que el diseño de programas, reformas, nuevas autoridades y cuerpos policiacos especializados anticipaban una disminución gradual y sistemática de los altos niveles de falsificación que padecíamos.

Ese tiempo cedió ante la fuerza de la persistencia. Las actividades de piratería son tan cotidianas, tan profusas, tan omnipresentes e invencibles, que el asombro ha dejado su lugar a la normalización criminal, la impunidad y el olvido. Los escasos operativos desplegados por la Procuraduría General de la República, o lo que solía llamarse así, diluyen sus débiles efectos en el mar de la indiferencia. Ante una realidad tan abrumadora, ante una enfermedad tan diseminada, tomar una Aspirina® para sentirse mejor un día es una forma de autosustentar un sistema aniquilado.

Las leyes orientadas a regular el tema son un desastre total, plagadas de contradicciones, interpretaciones caducas e instituciones inoperantes; pero lo más grave es la absoluta falta de coordinación entre las instancias oficiales orientadas a combatir el fenómeno, en el que no se hablan unos con otros, ni colaboran en forma mínima. Bien sabemos que cuando un producto es pirata es predecible que existan violaciones a leyes fiscales, aduaneras, de control sanitario, de cumplimiento de NOM, de venta ilegal en vía pública, y desde luego, de Propiedad Intelectual. Sin embargo, las autoridades siguen como espectadoras del circo freudiano que se desarrolla frente a nuestros ojos.

Una cosa es segura. Al caminar en la Ciudad de México, por cualquier mercado en la vía pública, se puede constatar el nivel más elevado de bienes falsificados que podamos atestiguar en décadas, haciendo innecesarias estudios y mediciones que reiteradamente lo confirman. Es la muestra inequívoca de la derrota más evidente del sistema. Una claudicación con una carga simbólica intimidante: no podemos reducir la piratería y este amplio y devastador delito nos retrata de cuerpo entero.

Más allá de los resultados y las estadísticas, y a pesar de los escenarios de emergencia que estamos viviendo, mucho mal hacemos a la cultura y la economía del país al manifestarnos indiferentes a la creciente piratería. La base moral mínima que exige un estado de Derecho se degrada cada vez que un consumidor compra un producto que no debió ser vendido. La restauración no es accesible en forma simple o expedita, y será labor de muchos años revertir el daño. Hay una medida urgente para empezar a construir soluciones y volver a creer que podemos: el nombramiento de un ombudsman que opere como interlocutor del comercio formal con las instancias de gobierno.

Esa decisión no debe seguir esperando, por encima de los temas electorales y políticos que hoy nos tienen cautivos. 

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Correo: mjalife@jcip.mx

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.