IMPI; similar en grado de confusión
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IMPI; similar en grado de confusión

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IMPI; similar en grado de confusión

02/01/2019

Diversos y contrastantes fueron los comentarios que recibí del último artículo publicado en este espacio, en el que convocaba a pensar en el papel del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial desde la izquierda. Una izquierda, como sabemos, salpicada de una larga lista de variantes, tantas, que al final parece un modelo híbrido titubeante y que estará en permanente construcción.

A diferencia de lo que opinan algunos de quienes amablemente me contactaron para hacerme llegar sus comentarios creo que, para el IMPI, hay vida en tiempos de AMLO. La primera razón es simple, el Instituto es una pieza clave, infaltable y estratégica para cumplir con muchos de los compromisos asumidos por México en el T-MEC, el TLCUEM y el TPP11. Sin su participación puntual y eficiente, nuestro país incurriría en graves incumplimientos que generarían reclamos airados de Europa y Estados Unidos.

Además, el sistema de protección de invenciones, marcas y derechos de autor, aún y cuando es favorecido en ambientes de mercados liberales, tiene una tradición regulatoria de más de 100 años en nuestro país, que le convierte en irremplazable en el contexto actual. Recordemos que, aún en los regímenes comunistas más extremos, esta disciplina ha adoptado formas atenuadas para sobrevivir. El punto lleva a sostener que, más allá de ser un componente funcional del mercado, se funda y motiva en razones más robustas. El vínculo que une a un autor con su obra es un derecho humano que rebasa cualquier limitación que los gobiernos pretendan imponerle.

Con estas premisas a la vista, creo que el IMPI debe acometer una tarea, inclusive, de mayor responsabilidad que en el pasado, al recaer en su ADN la vocación por provocar desarrollo económico a partir de la protección jurídica de la innovación. Sigilosamente, sin tener que apelar a planes nacionales de desarrollo o discursos que le brinden apoyo ideológico, el IMPI puede convertirse en pieza crucial en la vinculación de tecnologías de centros de investigación con proyectos empresariales, y en dirigir, desde su gestión y acompañamiento, la creación de múltiples nuevas empresas de base tecnológica en el país. Para el IMPI, estas tareas no requieren presupuesto ni autorización, porque están en la ley como obligaciones por cumplir.

Si una unidad de gobierno entiende con precisión y perspectiva la necesidad de proteger derechos sobre nuevas creaciones es el IMPI, que a partir de la visión que tiene desde su tribuna hacia lo internacional, sabe con certeza el impacto que tiene en el PIB de cualquier economía incrementar las cifras de patentes otorgadas en sectores emergentes. Para México, en este momento, desarrollar empresas exitosas en tecnologías digitales, medio ambiente, energía, telecomunicaciones, industria agroalimentaria y farmacéutica, representa una de las mayores oportunidades de lograr muchos de los grandes anhelos que como país hemos perseguido.

Para prosperar y generar valor, el IMPI se debe redefinir, pero pareciéndose a lo que ya es. Como sucede en materia de marcas, reinventarse pero seguir siendo, ser similar en grado de confusión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.