México requiere una nueva política exterior
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México requiere una nueva política exterior

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México requiere una nueva política exterior

17/04/2018
Actualización 17/04/2018 - 12:43

El sábado pasado caminaba yo con mi esposa por Paseo de la Reforma frente a la embajada de Estados Unidos cuando una pareja treintañera nos pasó raudamente en bicicleta gritando. “Basta ya, Trump -urgió él-, deja de echar bombas en Siria. Necesitamos paz, no guerras”. Ella le siguió: “No seas bravucón. Resuelve tus problemas en casa. No nos agarres a los demás de puerquitos”. Los policías mexicanos resguardando la embajada sonrieron sorprendidos, mientras los ciclistas continuaron de frente muertos de la risa. No pudieron ser más elocuentes en esta hora de Estados Unidos (EU), México y el mundo.

Poco antes de escribir este artículo escuché a la excanciller estadounidense, Madeleine Albright, en una entrevista con Fareed Zakaria en CNN sobre su nuevo libro Fascismo, una advertencia. Recuerda a Hitler y Mussolini antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y su necesidad de chivos expiatorios ('puerquitos'), como los judíos e inmigrantes, para distraer la atención de los graves problemas internos y justificar sus actos de agresión internacional. Me viene a la mente la película La Hora más Oscura, sobre Churchill y el mal paso que hubiera sido tratar de pactar con el fascismo. Me pregunto si México no estará errándola al buscar apaciguar a Trump con el freno a migrantes, TLC a su gusto y otras concesiones. Bien por el discurso de Peña Nieto, sobre la necesidad de diálogo y respeto a nuestra soberanía, pero tardío y sin acompañamiento de medidas concretas de defensa y promoción del interés nacional.

No podemos seguir por este camino a futuro. Trump, y muchos de sus antecesores más equilibrados y democráticos han mostrado que sólo respetan a quien se dé a respetar en la práctica.

El informe independiente del Centro Tepoztlán Víctor Urquidi AC, México prospero, equitativo e incluyente; construyendo futuros, próximo a publicarse, que anticipamos en un animado foro del Senado de la República el jueves pasado -impulsado por el Conacyt, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico y El Colegio de México- se ocupa de cuatro grandes desafíos para nuestro futuro proyecto de nación: los primeros tres en materia de política y gobierno, economía y la cuestión social; el cuarto, la necesidad de una nueva inserción de México en el mundo más complejo que vivimos y que despunta en el horizonte de mediano y largo plazo.

La política internacional exterior de las últimas décadas se ha montado fundamentalmente sobre el paradigma de la política económica y el libre comercio, la 'interdependencia' con EU y, doctrinalmente, sobre un liberalismo económico y social, lo cual, según sus defensores, aseguraría nuestro desarrollo. Los resultados han sido desalentadores: las exportaciones se aceleraron pero el crecimiento no maduró, pues el esquema opera fundamentado en la maquila, que genera poco impacto en el producto y el empleo. Hoy surgen en EU y en otros países aires de proteccionismo económico, social y aún cultural. Frente a la política del ejecutivo de EU, México debe acomodar la propia en el corto, el mediano y el largo plazos. La estrategia de inserción de México en el mundo debe ser consecuente con sus necesidades de desarrollo sostenible con prosperidad, equidad e inclusión, a la vez que jugar un papel digno, activo y constructivo en los asuntos globales centrales: seguridad y paz internacionales; defensa del medio ambiente y de los derechos humanos; fortalecimiento y mejoramiento de las instituciones mundiales; prevención de agresiones entre países y fortalecimiento de la convivencia y la cooperación cultural entre los pueblos. La defensa de la soberanía y del interés nacional exige posiciones firmes y visionarias en la hora actual y en el largo plazo.

El momento actual y el previsible mediano plazo exigen una nueva y digna actitud y una reconsideración de la estrategia que hemos seguido en los últimos 25 años frente a nuestro vecino del norte. No será una tarea fácil dada nuestra interrelación y el grado de dependencia respecto a EU en todos los frentes -80 por ciento en exportaciones-. Hay enormes retos en los diversos ámbitos, así como también oportunidades

La carencia de capital humano para producir conocimiento sobre lo que pasa en el mundo y la manera en que nos afecta es notoria. Igualmente preocupante es la ausencia de estrategias para conducir la relación con EU y otras regiones: América Latina, Asia, Europa, África y Medio Oriente.

Se propone repensar nuestra estrategia frente a EU en materia política, de seguridad, económica, social y cultural, considerando las necesidades de nuestro proyecto nacional, el crítico cambiante contexto global y las nuevas potencias emergentes que se consolidan en el mundo.

Para ello se recomienda fortalecer el conocimiento y seguimiento de los aspectos económicos y políticos prioritarios en EU, creando un grupo de alto nivel, con acceso a los centros de toma de decisiones, integrado por no más de 20 expertos de la academia, el sector empresarial, grupos de pensamiento y diplomáticos. Será importante incorporar también a Canadá a la ecuación de América del Norte, con una visión estratégica renovada, basada en la experiencia TLCAN.

La diversificación es una meta factible, de largo plazo, que requiere trabajarse con perseverancia y realismo, pero que exige actuar en el corto plazo con un programa que impulse nuevos mercados y fomente por diversas vías, en particular la financiera, la inversión productiva y el desarrollo tecnológico a partir de empresarios nacionales innovadores con visión de largo plazo. Demanda en el terreno comercial una nueva infraestructura y logística y un nuevo diálogo político-comercial- técnico promovido por el Estado junto con el sector privado, orientado a los principales países de Asia (China, Japón, India, Corea del Sur, Vietnam), de América Latina, Europa e incluso África y Medio Oriente. Como lo evidencian los estudios y las propuestas concretas en los ensayos contenidos en el informe, las diversas regiones presentan retos y oportunidades que debemos aprovechar con una batería estratégica de políticas públicas bilaterales y regionales a complementar en lo multilateral.

Se propone crear un grupo de alto nivel para diseñar los objetivos y prioridades de una nueva política exterior hacia EU y las posibilidades reales de diversificar las relaciones políticas, económicas y de cooperación técnica y cultural con el resto del mundo. Hace falta un gabinete de política exterior, coordinado por la Secretaría de Relaciones Exteriores que asegure la participación de las secretarías de Estado y agencias gubernamentales que tienen responsabilidades para conducir relaciones con el exterior y conseguir los recursos necesarios - hoy insuficientes- para su acción efectiva. Finalmente hay que recuperar e intensificar la presencia e iniciativas de México en los foros multilaterales, en particular los de Naciones Unidas, América Latina y Asia-Pacífico con dos propósitos: estar acompañados para lidiar con los problemas globales y los que se avizoran en el futuro, así como para garantizar nuestro “derecho a disentir de EU” como punto de partida para ubicar el papel de México en el dinámico escenario mundial.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.