Tres dilemas del inversionista ángel frente a nueva inversión
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Tres dilemas del inversionista ángel frente a nueva inversión

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Tres dilemas del inversionista ángel frente a nueva inversión

14/05/2018
Actualización 14/05/2018 - 13:06

En un país donde el ecosistema emprendedor ha madurado de manera relevante, ya no es difícil acceder a múltiples definiciones del concepto de 'inversionista ángel'.

Se trata de individuos que tienen cierto capital disponible para ser invertido y que deciden colocar una parte en un empresa nueva o emergente, con la conciencia de que tal empresa tiene flujos de efectivo incipientes, un modelo de negocios en proceso de ser afinado y cuyos fundadores -en el mejor de los casos- han visualizado ya una oportunidad en alguna industria, pero requieren de fondos y guía para lograr convertir su visión en un negocio rentable.

Cuando un inversionista ángel decide involucrarse en una nueva oportunidad, tiene conciencia de que su capital debe ir acompañado de una disposición explícita a compartir conocimientos y contactos para nutrir el proyecto y sus objetivos, ya que por muy buena voluntad y entusiasmo que tengan sus directivos (y los otros socios), el riesgo de que las cosas evolucionen de manera negativa es sumamente alto.

Convertirse en inversionista ángel tiene una clara dimensión financiera y presenta dilemas en cada nueva oportunidad de inversión:

1) ¿Qué monto invierto? Hay un balance a encontrar entre el número nominal que puedes destinar a la inversión y la expectativa de rendimiento que buscas según el riesgo percibido, con el porcentaje del negocio que tu inversión representará y los derechos que ese porcentaje otorgarán para coparticipar en las decisiones trascendentes para la empresa. Pero, por otro lado, definir 'qué tanto es tantito' tiene que ver también con el grado de confianza en el escenario de éxito que se proyecta y se procura lograr.

2) ¿Qué tanto me involucro en la gestión? La mayoría de los inversionistas ángeles activos tienen entre 45 y 55 años. Suelen ser gente que ha sido razonablemente exitosa en sus propias empresas. Las han fundado o las han dirigido y encontraron fórmulas que les funcionaron en contextos específicos. Esa experiencia es oro molido, pero es a su vez una tentación a intervenir de más. El inversionista ángel no dirige la empresa en la que invierte. La apoya o participa en su estrategia, pero es alguien más quien la conduce y quien debe encontrar la receta para llegar a la frontera ideal de lo deseable con lo posible y a la mezcla óptima de formas y estilos de gestión directiva.

3) ¿Qué tanto es relevante interactuar con el resto de los socios? Dependiendo de la configuración del capital y del diseño del flujo de información a los codueños, será más o menos necesaria la interacción conjunta de los inversionistas para unificar la visión de futuro de su empresa. En cada caso, sus fundadores acuñan un estilo de relación con sus socios y aprenden a administrar expectativas. Pero cuando las reglas de interacción y acuerdos de socios no están bien definidas, la mayoría de las empresas padecen de una lucha de influencias y acaban dispersando energía en problemas societarios.

En su libro Emprendedor 10%, Patrick J. McGinnis describe la sensación de inseguridad que sentía al decidir cuándo y cuánto invertir en un determinado proyecto. Polemizaba mentalmente con el número y la forma. “No era el tipo más rico de la sala y no quería parecer pobre o tacaño”, narra en su texto. No lo culpo.

Así como se aprende a ser emprendedor y se aprende a ser directivo, convertirse en un buen inversionista ángel es un proceso cognitivo (empírico y científico) que vive el sujeto que decide optar por ese tipo de inversión involucrada.

Y ello pasa no sólo por definir los tickets que uno pone en una empresa, sino por terminar de sentirse cómodo con una nueva sociedad que no espera que llegues sólo con dinero a sentarte a esperar, sino que necesita que llegues con disposición y talento a aportar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.