Reflexiones sobre el talento para dos jóvenes desconocidas
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Reflexiones sobre el talento para dos jóvenes desconocidas

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Reflexiones sobre el talento para dos jóvenes desconocidas

28/05/2018
Actualización 28/05/2018 - 12:48

“Lo único que te va a garantizar trabajo de por vida es tu talento”, le dijo Brigitte Seumenicht a una audiencia mayoritariamente joven en el Congreso Nacional de Mercadotecnia que organizó Merca 2.0 en el WTC de la Ciudad de México.

Estando de acuerdo con la afirmación, su contenido no me hubiera dejado pensando de no ser porque una joven sentada detrás de mí, notoriamente en sus 20, reaccionó y luego le preguntó espontánea e intensivamente a su compañera de junto: ¡Sí, claro! Pero, ¿cómo identifico el mío?

La dinámica conferencia siguió su curso y ellas continuaron en una discreta conversación del punto por un par de minutos. Y si bien casi rayaron en la imprudencia, no las culpé. La pregunta era válida, porque el proceso de autodescubrimiento de un talento tiene rutas diversas y muy poco de obviedad.

En su definición más simple, el talento es una notoria cualidad del individuo que le permite desenvolverse con extraordinaria facilidad en la ejecución de las actividades de un campo específico (intelectual, físico o artístico).

Lo común es que se manifieste con facilidad y que destaque, aunque en ocasiones requiere un conjunto de circunstancias para que aflore y para que se autoreconozca.

Con el riesgo de sobresimplificar un tema de enorme profundidad filosófica y práctica, aquí tres reflexiones sobre el talento para contribuir a la conversación:

1. Lo primero es no confundirlo.- Y es que el talento no es una simple habilidad o una particular destreza para algo. Ambas son componentes, pero no sinónimos. Tampoco son competencias adquiridas con el paso simple de la experiencia o la suma de conocimientos. El talento no es sólo esfuerzo. Facilita ciertas cosas en su desempeño que, cuando no se tiene, se requiere un mayor nivel de esfuerzo y aprendizaje para igualar a quien lo posee.

2. Una vez identificado, requiere disposición de perfeccionamiento.- Y es que poseer un talento, si bien te destaca como apto o capaz, no necesariamente significa que lo vayas a elevar a su máximo potencial y explotarlo en su máxima condición posible. El confort con el nivel básico que ofrece o la falta de condición y oportunidad, resultan las causas más comunes que impiden su elevación o maximización.

3. Te mide con equivalentes.- Y es que ante el promedio, el puro talento suele destacarte. Pero cuando la vida te contrasta con talentos similares (nunca estrictamente iguales), te ves naturalmente forzado e incentivado a un desempeño notoriamente superior.

A la distancia, a ese par de jóvenes que conversaban con genuino interés de las interrogantes sobre sus propios posibles talentos, me permito contribuirles con una pista más para sus propias conclusiones.

No importa el campo de la vida en el que uno lo observe, cuando te topas con alguien que posee un determinado talento, suceden dos cosas tan humanas como maravillosas: uno, resulta difícil no apreciarlo sin sorprenderse; y dos, quien muestra ese talento hace ver fácil, sumamente fácil, lo que sea que ves que ese individuo está haciendo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.