¿Qué define una conferencia profesional?
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¿Qué define una conferencia profesional?

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¿Qué define una conferencia profesional?

12/02/2018
Actualización 12/02/2018 - 14:00

Fue la pregunta que me hizo un destacado exfuncionario del gobierno federal, en una cena previa a la conferencia magistral que él impartiría a la mañana siguiente en la ciudad que nos alojaba. La exquisita conversación no sólo se prolongó, sino que dejó mi mente elaborando.

Una conferencia es una reflexión sacudidora, elocuente y razonablemente personalizada que ofrece a la audiencia una línea argumental y perspectivas distintivas de quien la imparte, en el mejor de los casos con algo de sentido del humor, y que tiene una duración de 30 a 120 minutos.

El objetivo principal de una conferencia profesional es construir una experiencia. Y es que la imparte alguien que goza de cierto nivel de reconocimiento temático, literario y/o mediático y que ordena y contextualiza determinados contenidos, aderezándolos con datos reveladores, frases emblemáticas y anécdotas que sólo su experiencia o posición en el mundo le permiten compartir.

Hay una enorme variedad de métodos para armar una buena conferencia y una lista extensa de estilos para impartirla, pero vale la pena enfocar la reflexión en tres elementos que suelen ser centrales en el mundo de los conferencistas:

1) ¿Qué dejo fuera? La gran mayoría de las veces se habla de un tema de amplio dominio. El protagonista podría hablar de eso días enteros y con lujo de detalle. Para la gran mayoría de conferencistas, sin embargo, el reto no suele ser seleccionar bien la mezcla de los 'n' componentes que pueden integrar su conferencia, sino decidir qué dejará fuera para lograr la ponderación adecuada de lo que se quiere compartir en el tiempo del que se dispone.

2) ¿Cómo construyo un puente entre mi mundo y el mundo de mi audiencia? Un conferencista debe conectar con su audiencia. Ello supone llevar en viaje reflexivo a quienes la integran. El lenguaje, la descripción de contextos y la empatía con el mundo del colectivo interlocutor se vuelven centrales.

Una buena conferencia logra la absorción de determinados conceptos al tiempo que estimula el relacionamiento de cada aspecto relevante planteado con la realidad cotidiana de quien lo escucha. Cuando la conferencia logra construir ese puente, el contenido fluye a manera de “te comparto esto de mi mundo para que te resulte útil en el tuyo” y materializa tanto la conexión intelectual como la experiencia sensorial.

3) ¿Qué historias o anécdotas reforzarán mis mensajes? Y es que las personas ni seguimos, ni recordamos una conferencia como teletextos. Cuando una audiencia ofrece su atención sostenida, va recordando por epitafios, por desenlaces o por frases emblemáticas que sintetizan una experiencia compartida. Las historias detonan pantallas mentales, refuerzan paralelismos empáticos y provocan la memoria sensitiva.

Una buena conferencia no sólo elige anécdotas adecuadas para reforzar puntos, también las confecciona de manera tal que se compartan de forma óptima para lograr el propósito buscado en el tema abordado.

Imposible no decir que una conferencia no busca enseñar, ni pretende presumir. Una conferencia se diseña y se pule desde el plausible propósito de compartir. La conferencia provoca no sólo recordar qué se dijo de manera razonablemente entretenida, sino quién lo dijo y en qué contexto lo compartió.

Cuando se prepara bien y se entrega mejor, una conferencia se convierte en una experiencia de encuentro que revoluciona el pensar y el sentir de muchos.

Pero si tuviera que decir una sola cosa a quien está afinando una conferencia, me remitiría a las palabras de Chris Anderson en su libro Charlas TED: la guía oficial de TED para hablar en público donde afirma que “lo único que importa de verdad cuando se trata de hablar en público no es la confianza, la presencia escénica o un discurso fluido, sino tener algo que (realmente) merezca la pena decirse”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.