¿En serio, señor Slim? ¿Hay confianza?
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¿En serio, señor Slim? ¿Hay confianza?

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¿En serio, señor Slim? ¿Hay confianza?

03/12/2018
Actualización 03/12/2018 - 12:53

"Hay confianza, hay confianza” respondió a la prensa el empresario Carlos Slim Helú el pasado sábado durante la toma de posesión del nuevo presidente de México.

Su afirmación contrasta con lo que se escucha “en cortito” en los pasillos de los sectores empresarial y financiero. Ahí predomina la palabra preocupación.

En su definición más simple, confiar implica la creencia de que ciertos resultados o consecuencias serán alcanzados en determinadas situaciones. Confianza no es sinónimo de certeza, pero sí es un sentimiento opuesto a la suspicacia o el temor. Confiar ofrece confort ante algo que no se controla y evita actos de cautela extrema o de acción defensiva irreflexiva.

En el actuar institucional, hay tres elementos que contribuyen a la construcción de confianza:

1. La intuición.- Entiéndase la capacidad para comprender ciertas cosas al instante. No es una deducción fundada en hechos analizados con rigor y detalle. La cercanía, la presunción de sinceridad y o la fortaleza para autoprotegerse atenúan grados de desconfianza, pero no necesariamente eliminan cierta sensación preliminar de riesgo o incomodidad.

2. La credibilidad.- Normalmente basada en antecedentes o experiencias previas, es la capacidad para que los receptores de un mensaje le crean al emisor que, en efecto, ese mensaje refleja la intencionalidad verdadera de hacer o no hacer lo que se dice. De hecho, en el actuar institucional, no siempre está vinculada a la veracidad del mensaje, sino a los componentes objetivos y subjetivos que hacen que otros crean (o no) dichos contenidos.

3. La consistencia.- En el actuar gubernamental y empresarial puede haber variaciones de curso por diversos factores internos o externos. No existen actuares lineales perfectos, pero sí se espera la cualidad de la coherencia y la estabilidad en dichos, acciones y decisiones.

Uno puede ofrecer su confianza inicial a cualquiera, hasta que ese individuo haga algo que devalúe o fracture tal disposición a confiar. En contraposición, uno puede aproximarse con cautela casi ante cualquiera, hasta que ese individuo haga méritos suficientes para gozar de una confianza explícitamente otorgada.

Entiendo que el señor Slim diga que confía en el presidente. Su intuición lo puede tener cómodo en su comprensión del real alcance de lo que viene. Su cercanía con el individuo le puede ofrecer la credibilidad que a los lejanos les niegan las inconsistencias entre dichos y hechos sensibles para el entorno económico nacional. Y su experiencia le debe tener vacunado frente al cambio de formas del autodenominado nuevo régimen.

Pero bien harían los nuevos integrantes del gobierno que inicia en estar conscientes de que la intención de cancelar la construcción del NAIM rompió todo el beneficio de la duda que pudieron haber otorgado los inversionistas institucionales nacionales extranjeros y mucha de la confianza inicial que ofrecieron los empresarios de diversos tamaños que le dan actuar a la vida económica nacional.

En el mundo de las inversiones existe un dicho que reza: Investors vote with their feet.

Ingresan a donde se sienten cómodos con el riesgo que representa un determinado entorno contrastado con la expectativa de retorno que cada negocio les ofrece y simplemente se van cuando ese equilibrio les deja de gustar o se deja de ajustar a sus objetivos institucionales.

Serán los actos y no las declaraciones, los que construyan la credibilidad de la 4T ante el sector empresarial. Y en tanto esos nuevos actos se van materializando y alineando, al margen de las declaraciones del hombre más rico de México, muchos en el sector empresarial actúan ya bajo la máxima de la protección civil: Esperan lo mejor, pero se están preparando para lo peor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.