Balcón del Zócalo, la creación de la experiencia perfecta
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Balcón del Zócalo, la creación de la experiencia perfecta

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Balcón del Zócalo, la creación de la experiencia perfecta

02/04/2018
Actualización 02/04/2018 - 12:48

La oferta gastronómica de una gran urbe tiende a ser tan variada y basta, que no resulta fácil impresionar bien a la primera.

Sólo se construye una experiencia gastronómica memorable cuando uno encuentra un restaurante que goza de espacios con personalidad que sólo la buena arquitectura logra, un ambiente que fusiona lo turístico con lo local, un menú que combina la calle con la sofisticación y una vista primorosa a un lugar emblemático que te hace sentir cada segundo la ciudad que te aloja.

Así resultó mi reciente visita familiar a Balcón del Zócalo. En el sexto piso del Hotel Zócalo Central, en la calle de 5 de mayo en el Centro Histórico, el chef ejecutivo José Antonio Salinas Hernández y una plantilla de 90 personas entre cocina, servicio y administrativos, han logrado personificar la experiencia más recomendable que el primer cuadro de la Ciudad de México tiene hoy que ofrecer.

Los números lo confirman. Con una capacidad instalada de sólo 124 comensales, tres turnos que ofrecen servicio de desayuno, comida y cena en una gran terraza, una barra interior y un privado llamado La Mesa del Chef, atienden a poco más de 15 mil comensales al mes, rotando cada una de sus mesas 16.8 vueltas al día.

Asistí sin prisa. En ambiente vacacional y con actitud de descubrimiento. Aquí mis tres reflexiones del lugar:

1) Un encuentro casuístico social con la decoradora Maritere Fernández ya me había advertido de la remodelación del Hotel Zócalo Central y la gran intervención a la que fue sometida su restaurante. Pero vaya que ese día fue modesta la protagonista del diseño de ese espacio. El balance de mosaicos, maderas, mármol y herrería en negro crea un ambiente exquisito que hace competir tu vista entre los elementos del diseño de interiores, la cocina exhibida a través de un cristal y el elegante comal que opera doña Juanita Ramírez que crea el aroma a tortilla tan característico del México de todos.

2) Al salir a la terraza, el gran techo dinámico genera la sombra perfecta. El Zócalo, el Palacio Nacional y la gran bandera mexicana hacen lo suyo. Una vista redonda, completa, que no la acabas de ver nunca. El ambiente es único. Es la esquina perfecta para apreciar con detalle los campanarios de la Catedral. Todo pasa arriba y abajo. Los sonidos y el movimiento confirman lo que el capitán Eduardo Figuera dice: “el Centro es concurrencia absoluta”.

3) En la cocina no hay caos. Hay orden. Nadie para ni un minuto, pero se percibe claridad en los roles de sus protagonistas. El chef observa los detalles con rigor y meticulosidad. Hay un ritmo que sorprende. El espacio es tan reducido como bien equipado. Los ingredientes locales y refinados. Noté y disfruté el particular cuidado de cada plato y luego testifiqué el control en su máxima expresión en la mesa donde se retocan los platillos, previo a su servicio. Por consenso absoluto, el favorito fue la costilla deshuesada. Cada minuto de sus 12 horas de cocción se palpan en bocados suaves y llenos de sabor.

El lugar invita a regresar. Más cuando te hacen saber que el menú, que ya de por sí genera intriga en cada opción, cambia cuatro veces al año con cada estación.

Balcón del Zócalo es la representación del sueño de cualquier restaurantero. Un lugar con 110 por ciento de ocupación, al que difícilmente se puede llegar sin reservación. Sin embargo, es también el lugar de sueño para el mexicano anfitrión. Ese capitalino al que le gusta presumir lo mejor de la Ciudad de México, al mismo tiempo que goza de un espacio especial, con un menú lleno de opciones que sorprenden.

Me parece justo decir que los inversionistas de ese lugar no sólo estarán contentos con el buen desempeño del negocio, sino felices de ofrecer un sitio que pone al Centro Histórico en la lista de los mejores sitios gastronómicos que se tiene la obligación de visitar. ¡Felicidades!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.