Ante el cambio incierto pero seguro, tres buenas lecciones de Jack Nicklaus
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Ante el cambio incierto pero seguro, tres buenas lecciones de Jack Nicklaus

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Ante el cambio incierto pero seguro, tres buenas lecciones de Jack Nicklaus

09/07/2018
Actualización 09/07/2018 - 15:18

En lo que la patria habla de transformación, nuevas élites, poder absoluto, autocontención u otros términos alusivos al momento político que se vive, el empresario, el comerciante y el prestador de servicios seguirá saliendo todas las mañanas a resolver que su negocio cumpla con sus clientes y que su quehacer se mantenga competitivo.

Las empresas no paran y la dinámica económica sigue su curso, pero difícilmente hay un propietario o directivo que no esté hoy a la expectativa.

En tanto cada quien medita su realidad o consulta a su asesor de cabecera, me atreveré a enriquecer cualquier reflexión en curso con el libro titulado Golf & Life, escrito por Jack Nicklaus y el Dr. John Tickell. Para el ambiente del momento, advierto oportunas tres lecciones ahí compartidas:

1) Keep moving. It´s better to wear out than rust out

Mantente en movimiento. Es mejor desgastarse que oxidarse.

En todo entorno, las empresas no sólo deben mantenerse activas, sino proactivas. La parálisis oxida. El movimiento obliga al buen ajuste continuo en el tiempo.

2) If you are in control, more things go right. If you are out of control, more things go wrong.

Si estás en control, más cosas salen bien. Si no estás en control, más cosas salen mal.

No se tiene dominio y mando sobre las variables externas, pero sí se tiene la capacidad de comprobación, inspección, fiscalización, intervención y ajuste de sistemas y métodos que le dan forma a la actividad empresarial. Es cierto, entre mejor control se tenga en entornos retadores, suelen salir más cosas bien y no al revés.

3) Once it´s over, it´s gone, it´s in the past. You can learn from the past, but don´t brood about it.

Una vez que se acaba, se fue. Está ya en el pasado. Puedes aprender del pasado, pero no lo incubes.

Se vale haber anhelado que las cosas hubieran sido distintas. Se vale mantener deseos y preferencias. Hay mucho que aprender de los detonadores de la realidad política actual, pero lo primero es que ya es lo que es. Difícil anticipar si lo que vendrá será igual, mejor o peor, pero la empresa deberá navegar ese futuro con arrojo, pragmatismo e incuestionable disposición al futuro.

Durante la larga transición (hasta el 1 de diciembre próximo), bombardeados de información variada y por momentos desconcertante, cada negocio tendrá que preguntarse y responderse cómo los puede afectar o beneficiar lo que se viene y qué tanto deben contenerse o modificarse decisiones o acciones concretas hasta que puedan dilucidarse los impactos de la nueva acción u omisión gubernamental.

Ante el nuevo poder casi absoluto y las nuevas reglas que de ahí surjan, no sobrará la habilidad del empresario para pensar con claridad en tiempos de alta presión e incertidumbre.

Pero si tuviera que resumir qué debe tener el tomador de decisiones del mundo empresarial en este nuevo entorno, lo sintetizaría en tres sabias palabras de un exprofesor de ciencia política: paciencia, prudencia y mucha persistencia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.