Airbnb: una buena opción que no es negocio para todos
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Airbnb: una buena opción que no es negocio para todos

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Airbnb: una buena opción que no es negocio para todos

01/10/2018
Actualización 01/10/2018 - 12:57

Al principio suena bien. Una habitación, un departamento o una casa semiutilizados, Airbnb puede ponerlos a disposición de viajeros que buscan opciones distintas a la oferta hotelera tradicional.

Siguiendo una secuencia de pasos para crear un micrositio dentro de su plataforma, el interesado puede sumar su espacio a un inventario promovido como una experiencia de hospedaje más local.

La plataforma te obliga a postear información mínima indispensable para que un potencial huésped se familiarice con el inmueble, con su ubicación y con las reglas de su propietario. Paso a paso, el proceso va definiendo el qué, el cuándo, el cómo y el cuánto.

En cada interacción con Airbnb, no tarda mucho el nuevo anfitrión en advertir que su sistema está diseñado para constantemente sugerir subir el estándar, bajar el precio y evitar requisitos rígidos para los futuros huéspedes. El argumento es siempre que lo económico y flexible eleva la probabilidad de recibir reservaciones.

Así, entre clicks, un propietario autoconvertido en new comer de la industria del hospedaje alternativo, empieza a recibir reservaciones. ¿Cómo evaluar que esa es la opción ideal para tu inmueble y para ti? Aquí tres ángulos para la reflexión empresarial:

1) Hospedar a desconocidos no es igual que recibir amigos.- Tu huésped tiene una expectativa del espacio y de su funcionalidad. Tú tienes una expectativa de su conducta mínima. Si algo no es como ambos lo esperan, no tardarán mucho en observarlo o reclamarlo. Y más temprano que tarde, cuando estés supervisando limpieza, arreglos necesarios o solicitudes adicionales, entenderás por qué la definición de hospitalidad es la cualidad para acoger y agasajar con generosidad a los extraños.

2) No es sólo la ocupación, es a qué tarifa vendes.- En el negocio del hospedaje siempre se está buscando la mayor ocupación lograble, pero con enfoque a la mayor tarifa promedio posible. No tener claro a qué precio es mejor no vender una habitación, porque no paga sus costos directos, es subsidiarle el hospedaje al huésped. Si bien Airbnb te da parámetros de mercado sustentados en sus comparativos por zona, el responsable de establecer la tarifa, contemplando los costos reales, eres tú.

3) Mayor uso implica mayor desgaste.- Un inmueble de uso esporádico no tiene el mismo costo de mantenimiento que uno de uso intensivo. Los huéspedes no lo cuidan igual que sus propietarios. El negocio del hospedaje (expresado en tarifas) no sólo debe contemplar los costos directos de limpieza, consumibles y arreglos regulares, sino que debe incorporar los costos de mantenimiento mayor, ciertos costos de reposición y previsiones de solicitudes adicionales que el anfitrión está dispuesto a conceder.

Hay otros elementos del negocio que deben ser analizados con cautela, caso por caso. Impuestos, impacto vecinal, riesgos de robos, acciones en caso de accidentes o quejas desproporcionadas. Lo relevante, sin embargo, es entender que hospedar supone una responsabilidad mínima con la experiencia de un huésped, siempre procurando que su expectativa esté alineada con las posibilidades reales de la experiencia ofrecida.

Airbnb es una buena opción para muchos, pero no es un negocio para todos. Lo es para quienes tienen el espacio óptimo para el perfil de huéspedes a los que esa plataforma se enfoca, que lo pueden vender con la frecuencia mínima necesaria y a la tarifa correcta.

Pero al margen de los números, un buen anfitrión de Airbnb debe asimilar el significado en latín de la palabra “hospitare” que significa “recibir como invitado”. Si como dueño no estás dispuesto a ello, con huéspedes de chile, de dulce y de manteca, mejor pensar en otras formas de monetizar el valor de ese inmueble semiutilizado.

* Empresario y conferencista internacional.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.