5-5-5 El método de co-elevación de Ferrazzi
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5-5-5 El método de co-elevación de Ferrazzi

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5-5-5 El método de co-elevación de Ferrazzi

11/06/2018

Una convención nos convocó. Un conocido en común nos reunió. Un autor nos invitó, pero un método nos complementó.

Éramos 11 sentados a la mesa en un privado en Boston. Al centro, el autor de “Who´s got your back” Keith Ferrazzi. A su alrededor, una decena de directivos de empresas de varios países, cuya agenda era común, pero cuyo grado de conocimiento mutuo era entre básico y nulo.

De manera natural, la conversación fluyó hacia los laterales con los convencionalismos ordinarios de la ocasión. Keith tomó la palabra y pidió una ronda de presentación. Las credenciales fluyeron. No quedó duda. Era un grupo de gente razonablemente exitosa.

Fue hasta entonces cuando pidió que lo siguiéramos en una dinámica que denominó: “five-five-five”, cuando el ambiente sufrió una transformación profunda.

En 5 minutos, describe una situación –nos pidió con sobriedad--. Puede ser de tu empresa o de tu persona con relación a la empresa. Inicia directo con el problema o reto y luego contextualiza el asunto lo mejor posible dentro del tiempo disponible.

En los siguientes 5 minutos, los que escuchábamos, tendríamos la oportunidad de preguntar lo que quisiéramos con el propósito único de entender mejor el asunto compartido. Si bien hay ciertos detalles del manejo del reloj, sólo agregaré que no todos los participantes necesariamente teníamos que preguntar algo.

En los últimos 5 minutos, cada participante podría proponerle al protagonista de la dinámica una solución alternativa. Nos pidieron que no fuese muy elaborada, sino lo más sintética posible.

Quizá porque notó mucha disposición. Quizá porque sabía que ese grupo difícilmente se volvería a reunir en la vida, Ferrazzi propuso entrar de lleno a la dinámica con un tema personal. Mismo método, pero un asunto que “nos incomodara” o “que nos estuviera quitando el sueño”. Él mismo empezó y el silencio imperó. Se abrió en un tema muy personal –íntimo diría más de uno—.

La dinámica fluyó. Unos espontáneos, otros más cautelosos, pero todos eligiendo temas de profunda trascendencia, de acuerdo a su etapa de vida o a su respectivo momento de desarrollo profesional.

Dejando de lado la magnífica disciplina de tiempos, por confidencialidad obligada no compartiré algunos de los dilemas o situaciones expuestas, pero sí destacaré los últimos 5 minutos de la metodología.

Y es que si bien la solicitud fue proponer una solución, lo que más me llamó la atención de todo lo valioso e ingenioso que afloró en instantes no fue la suma de soluciones per sé, sino como aportábamos nuevos ángulos de análisis, fórmulas variadas para la administración de emociones, enfoques complementarios del problema y anécdotas con paralelismos muy ilustrativos.

La labor de dirección puede resultar solitaria por momentos. La dinámica competitiva de los negocios castiga duro la duda extendida o el error de gran impacto. Ello obliga a que muchos de los problemas, presiones, dilemas, titubeos o consternaciones propias de la dirección de empresa sólo graviten en la mente de quien las vive y no sean compartidas con facilidad.

No es sencillo reunir a directivos que no tienen un interés común. Menos sencillo lograr un espacio de interacción de confianza. Pero cuando se logra, con el método que sea, se crean conversaciones de co-elevación mutua. El cerebro de cada participante se nutre, la carga emocional se atempera y la comprensión de la complejidad se facilita.

Quizá por eso resonaron en mi mente las palabras de cierre de nuestro anfitrión. Ante la pregunta de qué necesita el mundo para ser mejor lugar para todos, él sólo contestó: “muchas cenas de co-elevación como esta”.

Como diría mi santa, pura y casta abuela: el joven Ferrazzi “tiene la boca llena de razón”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.