Opinión

Maternidad y arte,
arte y maternidad

 
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A todas aquellas mujeres que son artistas madres y madres artistas.

Y sigo leyendo, con sorpresa, en el catálogo de la exhibición de Anna Maria Maiolino el texto Mother Knowledge, de Helen Molesworth: “El artista es generalmente descrito como una figura para la cual el arte significa todo, un narcisista en búqueda de su visión singular, un niño en un perpetuo estado de asombro, un genio atormentado que está dispuesto a sacrificar las satisfacciones cotidianas por la eternidad del arte. Claro que estas caracterizaciones son un cliché, justo por ello más poderosas. ¿Como sostenemos las narrativas que tenemos de lo que significa ser artista en relación a la visión que tenemos de ser madre?

Aquella que es la proveedora de la nutrición, de la comida y el lenguaje de un niño, cuyos actos cotidianos de alimentar, cocinar y limpiar los que mantienen la estructura de la civilización. ¿Cómo puede esta antinomia –egoísmo y generosidad– reconciliarse en la figura de una artista que es madre, de una madre artista?”.

Sería un tema de estudio muy largo y complejo el del análisis de por qué después de todas las batallas ganadas por parte del feminismo, de lo que ha costado conquistar un lenguaje ajeno e impuesto, seguimos tan asustadas y sigue siendo un tabú la integración al discurso del arte la experiencia de la maternidad, aquella que afecta a todo el género humano; ese inmenso conocimiento y trabajo silencioso e invisible que se transmite de generación en generación y desde donde nace lo político, lo ético, lo estético, lo sicológico. Son contadas las artistas que han integrado esta experiencia su obra. Chappeau a ellas.

Maiolino nació en Calabria, Italia, en 1942. En 1954 su familia emigró a Venezuela y en 1960 a Río de Janeiro, donde estudió Bellas Artes y conoció a artistas con los que más tarde participaría en movimientos avant-garde, ahí trabajó con las famosas Lygia Clark y Lygia Pape.

En la obra de esta artista nacionalizada brasileña se entremezclan migración y maternidad, como si las necesidades de seguridad, afecto y comida formaran un lenguaje, una marca que se lleva en el interior. Maiolino trabaja con muchos medios: escultura, fotografía, performance, dibujo; pero siempre está presente el gusto por crear, que de forma más incisiva reta y trastoca las jerarquías que han establecido ciertos patrones culturales.

En su pieza Here & There para Documenta 13 (2012), Maiolino escogió una pequeña casa que intervino, recubriendo todas las superficies posibles en el interior con filas de formas de objetos hechos con barro no crudo, formas sencillas pero repetidas obsesivamente que lo mismo nos remiten a aquellas que hacen los niños con plastilina, a panes, galletas, pasta, ravioles, dumplings o bollos para ser horneados o a materia fecal, formas que por momentos se vuelven comida y por otros son abyectas, formas que incitan al apetito y al repudio al mismo tiempo.

Detrás del humor escatológico de esta pieza, también se encuentra una composición que muestra que el cuerpo y sus necesidades, la maternidad y sus obligaciones y, por extensión, las narrativas hechas desde la experiencia personal, siguen encontrando resistencias en los cánones del arte. La subjetividad femenina es palpable en todo el trabajo de Maiolino.

Como en Solitario ou Paciencia (1976), performance donde la artista se sienta silenciosamente en una mesa a jugar solitario, durante todo el tiempo de la exhibición, pero con una baraja de la que fueron retiradas dos cartas que representan el ser mujer y el ser migrante, volviendo así imposible ganar la partida. Maiolino demuestra que, al delirio de recurrir a una supuesta voluntad de Dios para justificar la supremacía masculina, lo refuta fácilmente la maternidad.

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