Opinión

Masao Yoshida, el héroe de Fukushima


 
 
Ayer falleció en Tokio el ingeniero nuclear Masao Yoshida, el hombre que asumió el mando en la planta de Fukushima en medio del caos provocado por el tsunami y el terremoto del 11 de marzo de 2011, con lo que logró evitar una catástrofe de mayores proporciones. La causa de su muerte fue el cáncer de esófago, aunque los médicos sostienen que su enfermedad nada tenía que ver con las altas dosis de radiación que sufrió.
 
De 58 años, Yoshida apenas había sido administrador en jefe del complejo de Fukushima Daiichi por 9 meses cuando una ola monstruosa de 40 metros lo inundó, destruyendo los sistemas de enfriamiento vitales para sus 6 reactores atómicos; 3 registraron a continuación estallidos de hidrógeno y el fundimiento de su combustible, liberando nubes de materia radiactiva que para suerte de Japón en buena medida se alejaron al mar.
 
A diferencia de los jerarcas de Tepco, la firma que controla el suministro de energía para la capital nipona, Yoshida acudió de inmediato a un búnker para dirigir las operaciones de emergencia y, rompiendo con la tradición, desobedeció las órdenes de sus superiores y del propio premier Naoto Kan, quienes le exigieron dejar de inyectar agua de mar a los reactores en su esfuerzo desesperado para evitar la reacción en cadena. De haberlos obedecido, aseguran RT y The New York Times, hoy el noreste del país estaría deshabitado por décadas e incluso siglos.
 
 
Yoshida también fue criticado por no invertir los recursos necesarios para construir murallas alrededor de la planta, lo que aceptó al indicar que fue 'muy laxo' en sus cálculos del daño que causaría un tsunami.
 
Nacido en Osaka, el administrador abandonó su puesto a fines de 2011 y su salud empezó a deteriorarse. Resultó intervenido en el cerebro y padeció un paro cardiaco. Pero en agosto rompió una vez más con los usos y costumbres corporativas, al grabar un diario en video con el consultor HIdeaki Yabuhara, en el que recuerda algunos de los peores momentos del desastre. “Cuando ocurrió la primera explosión de hidrógeno realmente pensé que moriríamos”, describe. Agrega que “me sentí terrible por los heridos, pero consideré que Buda nos estaba mirando”. En otro pasaje, Yoshida subraya: “Sentí que teníamos que hallar la forma de expresarnos, que debíamos encontrar la manera de narrar nuestras experiencias”.
 
 
Casualidad o no, ayer se reportó que los niveles de cesio-134 radiactivo en Fukushima son 90 veces más altos que hace sólo tres días. No obstante, Japón espera reactivar en un año diez reactores que cerraron despúes de la tragedia.