Opinión

Masacre en Texas

    
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Una vez más. Una nueva ocasión en que un ciudadano estadounidense, desquiciado, con problemas de ira, mentales, de socialización, dispara masivamente contra un grupo de civiles.

Una vez más la autoridad, en este caso ni más ni menos que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sale a declarar que se trata de un individuo con problemas personales, no un problema de armas.

Una vez más, el obtuso argumento de que las armas “no son el problema”, sino la sociedad, los individuos, los desequilibrados y desquiciados. Nunca la indiscriminada, abierta, desregulada e irresponsable venta de armamento a civiles.

Prevalece el negocio y el poderoso lobby de la NRA (National Rifle Association) en Washington para desviar la discusión, apelar a la segunda enmienda constitucional –que permite la posesión de armamento por población civil- y defender las libertades norteamericanas.

El atentado del domingo en la Iglesia Bautista de Sutherland Springs, Texas, provocó la muerte inmediata a 28 personas, desde los 11 meses de edad hasta los 77 años, y envió al hospital con heridas graves a otras 20. Según el alguacil del condado, no hubo ninguna persona dentro de la iglesia que saliera ilesa. El atacante, Devin Patrick Kelly (26 años) un exintegrante de la Fuerza Aérea (2010-2012) fue sometido a Corte Marcial por conducta inapropiada, ataque a su esposa y a su hijo. Estuvo un año en confinamiento, para finalmente causar baja por mala conducta y ser degradado de rango.

¿Cómo es posible que una persona con este perfil haya podido adquirir un rifle de asalto? Muchos se lo preguntan en Texas, pero nadie tiene una respuesta.

El rifle del asesinato masivo es un Ruger AR-556, una versión semiautomática de un R15, los rifles oficiales de asalto del ejército de los Estados Unidos –desde la guerra de Vietnam, por cierto. Hoy de hecho utilizan una versión más sofisticada y moderna catalogada como R4.

Es el mismo tipo de rifle utilizado en el ataque del Mandalay Bay en Las Vegas hace casi un mes, con 58 muertes. Y también el mismo utilizado en el centro nocturno de Orlando, Florida, en 2016, con 49 personas fallecidas.

A esto sume usted Connecticut; Aurora, Colorado; San Bernardino (2015). En los últimos 10 años, han ocurrido los atentados domésticos más sangrientos en la historia de Estados Unidos no relacionados con terrorismo. Es una tragedia que los políticos se niegan a asumir, a debatir, a legislar.

En el 2004, el gobierno de George W. Bush impuso una prohibición a rifles de asalto (modelos R15 y sus derivados en calibres y semiautomáticos) para inhibir el acceso de civiles a rifles de alto poder, teóricamente restringidos a las fuerzas armadas.

La poderosa industria de las armas, les retiró el nombre de rifles de asalto o de ataque, y los llamó eufemísticamente MSR´s (Modern Sport Rifles) – Modernos Rifles Deportivos.

Resulta un insulto a la población, a las familias de cientos de víctimas de atentados a manos de civiles, llamarles a estas armas “deportivas”.
¿Cuál es el deporte? ¿matar conciudadanos?.

El desquiciado Kelley, degradado y expulsado de la Fuerza Aérea, no debiera haber tenido siquiera acceso a una armería. Si los registros fueran útiles y eficientes, la compra de armas por civiles, debiera tener un proceso de 48 o 64 horas de revisión y autorización. Cruzar datos, verificar antecedentes. Se supone que existe, pero vea usted los resultados. Kelley iba en busca de la abuela de su esposa, su abuela política por decirlo en términos estadounidenses, con quien había cruzado mensajes amenazantes esa misma mañana. No era inusual dicen los investigadores, que Kelley utilizará ese medio para hostigar, acusar y amedrentar. En la camioneta donde intentó huir, donde fue baleado por otro civil que pretendía detenerlo y donde supuestamente se pegó un tiro que finalmente lo mató, había otras armas.

Este es un debate viejo, con más de dos décadas en el Congreso de Estados Unidos, cíclico, cada vez que estalla un atentado de locura como en Las Vegas, Orlando o ahora Texas, se abre nuevamente entre los defensores de las armas per sé, y quienes pretenden prohibirlas entre civiles, por lo menor restringirlas o legalizarlas. Siempre fracasan. La prohibición para rifles de asalto del 2004, duró apenas un par de años, para ser después eliminada por los congresistas. Es mucho dinero, mucho negocio tan sólo a costa de la vida de unos cientos de civiles al año.

Y luego quieren ir a dar lecciones de ética al mundo. ¡Con qué cara!

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