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La inversión prevista en el Programa Nacional de Infraestructura para 2014-2018 ascendería a 7.8 billones de pesos, equivalente a 578 mil millones de dólares. Por año, representaría 8 por ciento del PIB y 37 por ciento de la inversión total (formación bruta de capital fijo). Ello implicaría aumentar el coeficiente inversión total/PIB de 21.1 por ciento en 2013 a 32.5 por ciento en 2018, nivel sin precedente en la historia económica reciente. Sin embargo, un elemento a considerar que documentó El Financiero es la inclusión en el PNI de obras en proceso con avances de entre 20 por ciento y 99.9 por ciento y en algunos casos terminadas, que fundamentalmente corresponden a carreteras, obras en refinerías de Pemex y hospitales.

De acuerdo con ese análisis, la inversión total en el periodo sería inferior en 2.5 billones de pesos a la estimada. Si bien la infraestructura construida en años anteriores aporta al desarrollo del país, en el margen no contribuirá al crecimiento de la economía en los próximos años de manera directa.

En el ámbito sectorial, también se generan diversas interrogantes acerca de la viabilidad y efectividad de las acciones y obras propuestas en el PNI. En comunicaciones y transportes, la inversión se concentraría en telecomunicaciones (51 por ciento del sector), que incluye al sistema satelital, instalación de fibra óptica e “inversión privada derivada de la reforma constitucional” –sin definirse en qué consiste o cómo se llevaría a cabo–, seguida por la carretera (42 por ciento). De la inversión en el sector, casi 60 por ciento sería privada.

En hidrocarburos, las inversiones totales que se realizarían en áreas antes reservadas exclusivamente a Pemex ascenderían a cerca de 2.7 billones de pesos, equivalentes a 39 mil 500 millones de dólares por año, lo que sería 46 por ciento superior a la inversión promedio de Pemex en los últimos cinco años, y podría traducirse en severos cuellos de botella para la proveeduría, en particular, para la nacional. Parte importante de esos proyectos corresponden a activos petroleros en operación; además, se canalizarían recursos sustanciales a “proyectos de exploración y extracción” en la región sur-sureste, norte y el Área Perdido (aguas profundas).

En refinación destaca la “nueva capacidad” en Guanajuato-Hidalgo y en la región sur-sureste –no es claro el interés por invertir en esta actividad, ni siquiera de Pemex–, así como para los proyectos largamente postergados de reconversión de residuales, reconfiguraciones de refinerías y producción de combustibles limpios (bajos en azufre).

En el sector eléctrico, además de inversiones “tradicionales” en generación y ductos para transporte de gas, se plantean diversos proyectos de energía solar, cuya rentabilidad está en duda a nivel mundial. Dada la apertura prevista en el sector, más de una cuarta parte de las inversiones en hidrocarburos y electricidad corresponderían al sector privado.

En agua, el PNI prevé la construcción de cinco nuevas presas, así como diversas obras de tratamiento, drenaje y de conducción, como la continuación de la construcción del túnel Emisor Oriente al que se destinarían $37 mil 500 millones, monto 60 por ciento superior a toda la infraestructura de agua para la agricultura, en la que se utiliza 77 por ciento de las aguas disponibles.

En salud, el PNI establece canalizar 23 por ciento de los recursos a acciones de remodelación y ampliación, y el resto a la construcción de nuevas unidades. En vivienda, los “proyectos” se orientan a impulsar el acceso de la población al financiamiento y la obtención de créditos hipotecarios; y en turismo, a acciones para el desarrollo de los centros integralmente planeados, aunque se estima que 62 por ciento de la inversión total sectorial serán “obras de la iniciativa privada”, sin que se identifique a qué proyectos corresponden.

Resulta claro que, más allá de los retos específicos de instrumentación y del ejercicio de la obra pública, el PNI supone una activa participación del sector privado en la creación de nueva infraestructura. En la primera parte de 2014 los datos duros y las expectativas señalan que falta mucho para materializar ese objetivo.

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