Opinión

Más ingresos al gobierno, ¿quién los paga?

Luis Pazos

En enero los ingresos públicos aumentaron en 23 por ciento y el gasto en 22 por ciento.

La inversión en infraestructura carretera se incrementó en más del 200 por ciento. El aumento de impuestos le permitió al gobierno tener más ingresos y gastar más. Para algunas calificadoras internacionales el aumento de ingresos representa una mayor solidez en las finanzas públicas mexicanas.

El año pasado el bajo incremento del PIB, del 1.1 por ciento, se le atribuyó en parte a la falta del ejercicio oportuno del gasto público; ahora la política del gobierno va orientada a estimular el crecimiento de la economía por medio de un mayor gasto, pero ese gasto tiene otra cara. La mayor disposición de recursos públicos implicó transferir recursos de millones de mexicanos, fundamentalmente de la clase media, al gobierno vía impuestos, lo que repercutió en un menor ahorro, inversión y gasto de los ciudadanos.

En enero la creación de empleos formales cayó en 50 por ciento. Los precios en enero, como consecuencia del aumento de impuestos, y de los precios de bienes y servicios públicos, subieron 4.5 por ciento, lo que redujo la capacidad adquisitiva de la mayoría de los mexicanos. Por un lado el aumento de impuestos fortaleció al gobierno, por otro debilitó la creación de empleos, la inversión de empresas privadas y el gasto de millones de trabajadores.

La idea de estimular el crecimiento vía gasto público no es nueva, fue la principal política de los gobiernos de los 70 y 80, cuyos resultados fueron inflaciones y devaluaciones de las más altas en la historia de México. En la década de los 70 y principios de los 80, el mayor gasto público con incrementos de los déficits presupuestales, cubiertos con emisiones monetarias y endeudamientos impagables, ahora con aumento de impuestos y un poco de mayor déficit. En aquel entonces, los déficit presupuestales llegaron a representar hasta el 15 por ciento del PIB, en el 2014 el aprobado es del 1.5 por ciento y si contabilizamos los recursos financieros de Pemex y demás paraestatales es de alrededor del 4 por ciento.

Las políticas de convertir al gasto público en el principal motor del crecimiento no son las adecuadas, debe ser la inversión productiva. Y para que aumente deberían desreglamentar, reducir tasas de impuestos y así incrementar la oferta de empleos, bienes y servicios por parte del sector privado y no aumentar la demanda a través de un mayor gasto público, cuyos efectos no son permanentes y tienen consecuencias colaterales que resultan en que salga más caro el caldo que las albóndigas.

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